De pronto, el hombre, se hizo un ser carroñero
y él enseguida, quiso comerse toda su basura;
una basura, mal salida de su mente turbada.
Veltiskin
Durante la noche de mi otra noche presente ya no juego adentro el jardín del niño mundano, él, aún un ser contagioso y él aún algo descarado de su incultura. Obviamente hoy ya no hay casi ninguna fauna natural que se parezca a una mera tranquilidad habitual. Toda la lindura de los animales son devorados ahora por los seres humanos y ellos los matan con sus máquinas todas ruidosas. Las aves se mueren entonces de asfixia y las poquitas garzas que consiguen sobrevivir, sólo se van del hábitat de la vida hermosa. Ellas viajan luego hacia lo que poco queda del amazonas. Pero ellas también mueren allí ante una que otra pantera negra y de lo más feroz. Hoy en día pues la infección es demasiada y es el mamífero de dos patas quien daña lo poco que queda de los bosques y de los ríos vivos de música. Así todo lo bueno del medio ambiente lo dañamos toscamente imponiendo unas supuestas tecnologías de desarrollo no tan mundial. Matan hoy a las ardillas, los jóvenes descarados, con sus caucheras de medio tiro. Pero ellos tan niños y ellos sin una educación real. Luego la gente hace comida de perro con las chanditas que se pasean por las calles de las plazas de mercado. Los indigentes entretanto se comen hasta las hojas de los árboles de primavera y ellos luego hasta se tragan la basura, que dejan los vecinos de las casonas lujosas. Que pecado es verlos a ellos comiendo esos desechos que nosotros arrojamos distraídamente.
En todo caso hay una infección tan grande que hasta estamos dañando nuestra capa de ozono del planeta nuestro, no tan azul y si tan gris. Nos quedamos así nomás nosotros sin aire y hoy ni siquiera no ponemos a pensar en un mañana mejor. La suciedad es gigante y ella nos ahoga y nos contagia porque somos casi todos nosotros unos seres sucios, quienes inventamos a esa suciedad. Mira que el ser humano es todavía muy cochino y muy despreocupado, sobre lo que pasa para el otro mañana más negro que el ayer. Así que ahora tenemos que fraternizarnos más con la naturaleza mágica. Debemos querernos más entre todos los seres vivos del mundo y luego pensar pronto en una metamorfosis de vida más humana. Pero como todavía eso de lo lindo, todavía no pasa, yo así mejor me quedo en silencio con la escritura de las ideas sublimes. Y por esa razón yo no voy a bailar entre los árboles del bosque de los niños necios. Ni siquiera yo me asomo a las orillas de los lagos tan fangosos. Sólo veo a unos muchachitos todos arrugados fumando marihuana. Luego el pelado más viejo se pone dizque a meter kokaina y heroína para él dárselas de ser un hombre, pero de lo maduro. Eso no tiene ninguna gracia esencial. En mi caso yo sólo los veo a ellos por ahí desde la ventana de mi casa y de golpe ya me da miedo ingresar al jardín de los huérfanos. De pronto se pasea por allí un amigo bravucón de lo ajeno y me secuestra y enseguida me mata. Al sin final entonces termino siendo una comida más para algún indigente hambriento de por allí del bosque del abandono mundial.
De hecho yo ya ni camino lógicamente por ese sendero de la floresta del otoño con mi novia. Ella tiene una cara de dulzura y de pronto ella se empuerca toda fea si salimos a la calle delirada. Además si soy tan de malas que tal vez viene algún lobo todo vicioso y se me la roba con besos babosos. Ante esta ausencia pues yo que hago. Ponerme a llorarla no sería lo justo que me resuelva el problema. Además eso no arreglaría nada de lo mala y mis pataletas no me la traerían, ni sana, ni salva, ni alegre. Mejor entonces no nos paseamos por entre toda la basura del jardín con un poco de ardillas muertas.
Igual, antes ella y yo, éramos unos enamorados de sin tiempo rutinario. Fuera de eso había tiempo atrás, otros enamorados de turno, mirándose bajo las noches violáceas. Los unos se sentaban en los troncos y los otros se recostaban en los prados de primavera. Cada pareja se dejaba arrastrar con los arrullos de los cantos de los pájaros rojos y pintos. Pero ahora no hay sino mucha soledad, adentro de las ruinas nocturnas de la ciudad paranoica. Sólo se siente un ambiente de guerra y sólo se huele un sabor a putrefacción pesarosa. Luego se pasa por allí uno que otro ladrón quita cadenas de los más risueños. Entre esta veleidad pues ya ni los niños juegan a ser niños. Hoy desde que ellos son niños les toca jugar a ser adultos y ellos se ponen nomás que a recoger la porquería de la otra gente despreocupada del mundo. Y así unos niños dan pica y pala con el sudor de la frente y hay otras niñas que dan hasta su intimidad por unas cuantas monedas de pan y queso. Que mierda es esta mierda en la que todos nos revolcamos descaradamente. Al parecer cada ser de vida va muriéndose en la pereza de su deshora muerta.
Ahora miro por el balcón y desde lo alto casino no veo, ni animales, ni ríos llenos de una limpieza cristalina. Tal vez había más agua trasparente tras el ayer. Tal vez había más aire puro tras el pasado perdido. Hoy sólo hay desechos, bolsas plásticas, llantas rotas, niños abortados y otro pocotón de cosas tóxicas. De hecho hay otro espejo invertido. Aquí los adultos se vuelven niños y muchos de los suyos se ponen a meter bazuco y otro se siente a beber cerveza, sin nada de miradas amorosas, por hacer un mejor día de armonía. Así que cada uno metido en su porro de perico o en su porro de consumismo desbocado. A tal final del rio pues la esperanza se pierde y se aleja de cada rincón de calles olvidadas. Del mismo tiempo se desaparecen las muchas ideas imaginarias por el afán al dinero. No ven que dizque casi no hay tiempo para pensar porque hay que ir dizque al puesto del empleo encarcelador. La gente a su rato vive de lo más acomodada y ellos sólo procurando su beneficio del instante envolvente. Cada criatura ambiciosa de su conveniencia del estrato social y esa apariencia de espanto de que sirve si se es arrogante, hasta con la familia del amor querido.
Al otro lado de los tribunales; pues se sientan los políticos a tirarse vientos tan distraídamente y ya queda listo el sueldo del mes efímero. Eso quiere decir que las políticas andan distantes del pueblo naufragado. Teatros de presidencias que realmente no existen. No se lucha aquí en mi ciudad por construir un estado de progreso con resultados visibles. Todos prometen y prometen castillos en el aire y luego todo se esfuma como el espejismo de un mago todo lleno de trucos baratos. Sólo entonces se siente de que en lokombia no hay sino un circo de payasos quienes ellos, no para de hacer sus puras fiestas de marranos. Aquí y allá reina el facilismo y el aburrimiento que muchos sapos, que quieren seguir de mantenidos tan tragonamente. Pero nada de que brilla el sentido de pertenencia como unos seres humanos de ayuda, entre unos y otros amigos de creación grupal. Al contrario veo que por aquí lo que se retuerce es el egoísmo y la altanería del medio pelo canoso. Por lo obvio de lo obvio se resuelve en este jardín de marranos, una cochera de lo más destejida. No hay aquí nada de ningún juego esencial de vida ordenada, ni hay una vida respetuosa de humanismo. Al rato del rato, pues se pierde el respeto por las reglas del desorden sardónico, un desorden, que se impone muy ventajosamente por las políticas ventajosas. Sólo manda la patraña y el dueño del billete que de a poco se vuelve inútil. Por ese atraso del hoy hay hoy tanta toxicidad nacional y mundial. Tristemente, aquí y allí, no cesa de verse la prostitución, luego se aparece, una pornografía destapada, ella, toda hiriente y agresiva. Que lástima decirlo, pero sólo entonces, tales acciones y verdades, no hacen sino ofender, al hombre y a la mujer de la seriedad familiar. Eso corta la sensibilidad de alma de un solo tajo espantoso. Y por eso es que por eso se vine toda una avalancha de pudrición sobre la humanidad tan palidecida. Por eso hay enfermedad abajo de una aldea de globalización enfermiza. Nosotros somos asimismo unos partícipes violadores del descontrol ciudadano. No se reflexiona sobre la jornada del trabajo humanitario. Nos olvidamos de la vida ajena y ella ida al derrumbe de la otra muerte espantosa. Somos unos seres descarados y somos unos seres dañinos con las cosas dañinas de la mente dispersa. La gente quiere hacer nomás sus bravatillas de regalada gana. Pero del compromiso ciudadano nos olvidamos hasta al día del día cuando se mueren nuestros seres queridos. Y eso si es la tapa de la olla de la indiferencia brutal. El respeto del hogar se nos disuelve como una nieve a pleno sol de mediodía. Hay inventos y hay internet. Hay cosas sintéticas y hay robots. Pero hoy se nos olvida el sentimiento de humanidad; pero hoy no hay amor al mundo de la bondad. Entre tanto, bajo toda la mayoría de perdición del mundo, eso que decimos llamar ciencia política y humana, no es sino una mala película gringa, pero lo peor del caso, siempre presenciado la gente, una mala historia de Rambo.
Que desgracia entonces y que desgracia no ficcional, lo que sufre nuestra gente menos favorecida. Además veo que los políticos gritan voces de lucha por un orden social. Pero luego no hay sino más locura y luego no hay sino más libertinaje de escándalo nuclear. Mientras tanto, se sabe de muchos presidentes, gobernadores, alcaldes, entre otros políticos, ellos, luchando por subir al gobierno y enseguida casi muchos de ellos, suben al estrado arrogante y una vez allá, ellos, se enamoran del despoder monetario y de la corrupción amigisita. La fantasía por el dinero y la ambición por las tierras, los enloquece fatalmente, que al final de la ronda, terminan es dando vergüenza. Por eso a la noche de la noche de hoy, no vemos ni sentimos un mundo nada natural. Ni se siente el buen ambiente de la brisa yendo y viniendo sobre los ríos de un agua, agua que era ayer, tan cenicienta y tan traslúcida como las lágrimas del alma. Mi ciudad del desamor entretanto mi aldea fusilada ahora se mueve como una montonera de chatarra y otro montón de desperdicios mal olientes. Contra ello se suelta desde luego una furia de guerra desbocada. Una guerra como una crisis ante tanta contaminación industrial. Una guerra como un grito de libertad contra tanto despotismo humillante. Luego pues restalla una revolución social de ideales más dignatarios. Ya de golpe se suelta aquí una iracunda tronera de bombas contra la opresión de los enfermos del capital materialista. Fuera de dicho ideal se hace asimismo una reiterada petición, contra la propaganda estrambótica. La propaganda de la mentira facilona. El comercio del interés banal es constante. Pero el problema es que el pueblo no se da cuenta de que todo el pueblo debería ser un inmenso movimiento de liberación social. Todos nosotros debemos ser un movimiento de revolución con fundamentos de ideales humanistas. Tal fuerza de poder será la mejor obertura de solución, frente a la odiosa barbarie del despotismo inconcluso. De hecho el consumo nos corroe el estimulo del delirio individual por entre estos día de barbaridad. Casi todos los hambrientos nos volvemos amañados al hábito de comer una pura chatarra de lo superficial. Ese vicio lo hacemos a casi todas las horas del día. Siento así pues que la ignorancia se grita aquí sobre todos los abismos de una esquizofrenia golpeadora. Y más pasa con el hombre racional, él, vive ahora metido en su paquete chileno del mandato suicida. El suicidio lento nos ahoga lentamente con los vicios y con el descaro del mundanismo. Esas son las ruinas de nuestra noche perdida. Mientras tanto yo veo que mi jardín ya no es un jardín florido, sino solamente es mi jardín ahora, una montaña de puro hedor pestilente. Y sólo por ahí uno que otro arbolito, sin muchas hojas verdes, pero el arbolito, luego dando su algo de frescura a los desechables del sin rumbo de sus muertes y así ellos muriendo sin techo, sin comida, sin alegría, ellos, los indigentes del abandono agónico, muriendo sin vida. Al sin final, sólo entonces, nada de constructos libertarios, entre los hombres, todavía no humanistas; luego entonces, se recae así y allí, una noche desperdiciada sobre otra noche desperdiciada y ya nada de humanidad y ya todos sin paz mundial.
Rusvelt...
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martes, 4 de mayo de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
LA AUSENCIA DE EROS
Canto para no morir,
porque el arte es la lucha
contra la muerte.
Carlos Cano
El mutismo en los medios culturales de la ciudad, vaciada en pocos versos, trata de ser siempre una realidad que golpea a todos los habitantes de esta mansión abandonada por las buenas letras y las bellas artes. Parecemos residir hoy en una inmensa galería polvorienta y telarañosa de poco arte rejuvenecido. Es pues esta caída angelical del arte, una mirada acusada y muda en su desgana esencial, tanto en la significación escrita como para una elaboración del séptimo arte, sin dejar atrás, claro; las muchas visiones existenciales de la pantalla pequeña. No hay de por sí televisión local en esta ciudad. Todo se pierde en un sin sabor de imaginación. La difusión de las obras, junto al aplauso festivo, hacia los buenos artistas; resulta ser, por tanto; una limitación, algo apagada en su poca trascendencia social para este pueblo, aún ausente de voces líricas, aún tardío en sus poemas vespertinos de florecimiento; para las bondadosas almas del canto lírico. Hay además en este fenómeno apaciguado, una mala verdad de afectación sobre la vida dedicada para con los otros amantes de la vida. Es resultado del retroceso evolutivo, otra vez, recreado en los hombres ignorantes. Ellos ausentes en su desmesurada cultura cosmogónica, ellos sin una significación propia de sentido común. Muchos de nosotros aún estamos escasos de algún vuelo ceniciento. No hay casi espacios predispuestos entre los creadores de la bella imaginación. No hay música regional por estos motivos del sin manantial a la creatividad. La magia evocada con las manos se pierde entonces entre la vacuidad de los días rutinarios. Aquí pues viene eros en su ternura de luminosidad, pero al no ver nada en los inventores; procura irse otra vez como el viento impalpable de esta muerte sedienta de poesía y pintura vanguardista, ansiosa por una verdadera vida, perdurable entre los días intensos para procrear así, buenas obras de complejidad. Así que ahora es momento de levantar estos muchos artes armónicos, ellos, encargados de limpiar, las muchas mentes embotadas, adormecidas entre la nada del sin saber inspirado. Uno nada más siente hoy ese suspiro de profusas tardes donde no se hace algo muy restallante; para alguna otra fantasía, lindamente realista en compañía de su otra bizarría por imaginar otras cosas. Esta misma evocación, trata de ser, desde luego, una observación puramente concurrente, presentida por entre estas grandes calles entreoscuros, bajo el sin placer alucinado, donde no se hace mucho sentimiento, entre las almas hermanas. Sólo te vas por las afueras y percibes esa miseria y esa desgana en cada muchacho reverberante de música clasicista y sin embargo, todos ellos, todos los músicos alternativos; parecen no estar vivos en su melodía, entre los otros semejantes, lógicamente, porque aún son dejados atrás como simples fantasmas, dejados atrás en su soledad tenebrosa, sin muchos resoplidos, sin una verdadera ciencia, donde los hagan sobrevolar artísticamente por sobre sus sueños resistentes, donde giren por sobre sus edenes persistentes.
Saber elucidar, igualmente, este reiterado olvido de cultura en los pueblos, deja siempre la exuberancia de inspiraciones rotas en una sucinta desgracia, ante los niños poetas, quienes antes lo fueron furiosamente en otras épocas del mundo. La historia del mundo como gran esencia. Pero hoy ya hay una caída más en los jóvenes fantásticos. El hundimiento por no seguir haciendo una ciudad más habitable se siente tenebrosamente en su momento más desvergonzado. La muerte dando vueltas por cualquier recodo espantoso. Además está la reiteración de algunas formas de arte ajenas a la nuestra en los muchos medios masivos, ellos, nos va matando lentamente, la identidad propia. No hay sentido de patria, ni de pertenencia. Ya no sabemos quien es quien cuidadosamente por la calle, ni en casa. La gente sola en su abstracción. La aldea de Sur América entendida otra vez desde su histórica equivocación. Po lo cual aún nos vamos al viejo mundo del cine y enseguida nos quedamos sin memoria presencial, ni existencial. Nos dejamos lavar las mentes entre las otras realidades. Nos perdemos en los infiernos comprendidos por Libardo Vargas Celemín. Pensamos que esos son los pasos a seguir junto con la última moda actual. Nos sabemos sin nada entre la crítica. Perdemos desde cada forma de pensar; nuestro sentido individual por formar un juicio, más revolucionario y libertario. Parecemos ya unos marcianos de una era que no es de aquí sino del otro lado ajeno. La verdad del origen nuestro se perdió muy fácilmente; algo así como ver un sombreron, simbolizado con la marquilla de United States; entre su mismo desprecio al otro sentimiento cultural. Así que uno entiende ya esa gran alienación por parte de los otros medios de comunicación, supuestamente culturales y no comerciales. Esta perdida de historia en mi ciudad, tiende por hacerse más reteñida que nunca en sus habitantes. Todos mis amigos reconquistados otra vez. La desmemoria viene pues desde la presencia del consumo exageradamente extranjero. No sabemos ya quien es quien en su propia obra. Parte de aquí un simple seguimiento sobre otras tendencias ideológicas fundamentadas en otros conceptos artísticos. Ideas develadas, más que nada, sobre estos ropajes, sabidos en los jóvenes del hoy rematado por ese traslado de engaños, otra vez coloniales, otra vez, traídos del mundo europeo. Se muere entonces la virtud de creación inmortal en los pintores; mueren entonces los escultores de esta región selvática. Ellos se ven ahora andando andrajosos, caminando bohemios porque no hay tiempo para escucharlos. Sólo capitalismo y economía en su mayor exageración desbordada. Vemos escasamente; luego, unas y otras semejanzas, junto con las artes, ellas antiguas, para las naciones del otro mar sumergido en otro mar, sin embargo, no hay nada de invenciones propias; ni nada de descubrimientos para el beneficio de las ciudades pobremente cosmopolitas. Que miseria es ver este relleno de cosas extravagantes y repetidas. Hay además un retroceso sobre la posible mirada de los otros mundos distantes. Ellos algo evanescentes en su sistema de ordenamiento social. Unos universos asombrosos que habrán de ser espejados con la misma recreación, cuando se sabe dibujar, cuando se enseña a escribir bien.
Se presiente asimismo una íntima relación entre la mano y la cultura, adormecida lógicamente por los pensadores materialistas; una linda intimidad, entre la mano y el pensamiento estético, dejado para los otros sabios de otras ideas perladas. Así lo supone cada ser humano del amor, cuando va dejando correr sus instantes otra vez, hacia la inexplicable creación de forjar, literatura junto con la ciencia de los filósofos. Es algo así como hacer un ritual soberano en ritmo de la sutil universalidad. Es algo así como recrear este infinito cosmos entre todos nosotros; pobres seres de la misma creación divina. Hay es que hacernos ciudadanos universales. Y desde luego, aunque es así la hermosa vida, vemos que en este momento del alba despuntado, hay muchos creadores en esta ciudad musical; reverberante; quienes terminan siendo empañados por los simplemente interesados en las villas antiguas y ya recorridas en sus imperios resquebrajados. No se siente aquí pues un estimulo reiterado por hacer serios habitantes erguidos en la gran ilustración mujeril. Sólo el odio resistido en su máxima expresión de la equivocación. La ignorancia de algunas conciencias predominando sobre las otras mentes más atrasadas; desbordantes para estos ciudadanos inmortales. Eso ya dicen saber todo lo que no saben bajo su gran desconocimiento incomprensible. Así que aún parecemos estar, entre los rincones de cada estancia, reflejados en otra horrenda desacralización al arte de este país colombiano. Un país digno para ser recordado en su exuberancia ancestral; pero ahora, inscrito aquí, según algún solitario canto de soberana irrealidad; desdibujado por este materialismo salvaje, presenciado últimamente en las muchas esferas andinas y latinoamericanas del desconcierto socialista. No hay además casi muchos pasados, descritos en las pinturas, ni tampoco, hay casi recuerdos prefijos en esta desmemoria del hoy extasiado de descaro infiel.
De hecho, aparece en la historia cultural de las regiones colombianas; los otros escasos aturdimientos, vista hacia los Chibchas y Guambianos de sus cerros naturales. En su momento todo se va rayando en otros ideales de suciedad; horrendamente manchados junto, al paso de este mismo destiempo incandescente. Las mañanas parecen irse a cada rato sobre su vertiginosidad, entre muchas tecnologías y varios chat juveniles, figurados sin muchas conversaciones profundas. Todo ideado sin muchos giros progresistas. Y aquí ya casi nadie se detiene a pensar en alguna transformación social de gran trascendencia. La vida misma se viene entonces y se pierde por sobre los quehaceres cotidianos de la soledad virtual. Es una soledad que concebimos lentamente. Una soledad que procreamos erradamente al ritmo de los días. Luego vemos a los hombres y a las mujeres cada vez más distantes de los libros, alejados de la poesía presentida en las hojas del bien. Ellos algo alejados de las esculturas antiguas, recreadas con los abrazos y los sueños sensibilizados de los otros dioses. Pasa así pues esta indiferencia como si nada, entre los ciegos del espacio, porque esta urbe de gente, aún se deja llevar por los estilos estrambóticos, modelos de turno, ellos, posando todavía, para esas revistas vanidosas y demás escenarios del sarcasmo social.
El amor a la poesía es por todas partes un gran amor para la eternidad. La decencia por hacernos hombres más limpios con el paso de los años tendrá que ser entonces nuestra fortaleza por seguir adelante; tras esta tempestad de oscuridad. Esa delicadeza por inventar otro mundo de vidas mejores y más llevaderas en todos los seres de esta esfera terrestre; procurará ser la verdadera solución. Descubrir la razón y no la terquedad. Hacerlo con las palabras sutiles; hacerlo con el pincel y la paleta del pintor; incendiar, hasta siempre, entre la gran inspiración de las noches aliadas, la vida de otros mañanas, siempre esperados en las almas muertas. Expresar así sucintamente cada sentimiento del ser para cada crepúsculo estrellado. Susurrar las mañanas floridas de cada pueblo propio con las guitarras y las flautas soterradas. Recuperar al Mohán de su entierro donde está aún tumbado; bajo la hojarasca arrasadora del otoño, no presenciado por el patriarca. Florecer además su bosque encantado con los versos de Alicia Sendoya. Sacar luego una sirena de la literatura para que ella vuele por entre los ríos de algún país lejano. Engendrar bajo la luz del sol una mariposa roja desde mi boca mojada. Dejarla ir a su paso por entre el agua del mar Caribe. Transfigurarla luego en la mujer de mis ansías persistentes. Hacer mientras tanto la sucinta escultura de muchos indios masacrados; para el ayer ensangrentado de la conquista espantosa. Y es así como tendremos que idear, por todos los dioses; otro mundo, pensar quizá en una selva de más canela y más Ursuas descubiertas. Verlas desnudas a ellas en las figuraciones del pensamiento. Descubrir sus pechos limpios en la pureza de los árboles verdosos. Decirle por tanto a mi novia que la amo otra vez. Después susurrarle que salió de mi misma vida creadora. Hacerlo silenciosamente en compañía de alguna simple flor de papel y hacerlo junto con una luciérnaga traída del cielo de sus ojos dorados. Pedirle además la sola fiesta de amor; por sus besos reiterados bajo la lluvia de los ocobos morados, quienes nos abrazan de cuando en cuando en los otros bosques del silencio paradisiaco. Y así mucho más; querer cantarle junto al lecho suyo, mi tristeza, mi ausencia, cuando estaba sin ella, sin su presencia cautiva, entre las lilas del umbral.
Reconocer ya en otros días, junto al sol rojizo de octubre, las obras de Omar Rayo. Pasear de alguna forma al museo de arte moderno. Recorrer los pasillos cristalinos del recuerdo suyo y mío. Ver aquí las figuras geométricas de sus cuadros abstractos. Perderme en los laberintos de sus creaciones insondables. Luego volver y alejarme otra vez de casa para un largo momento Borgesiano. Ir congelando ya todos los tiempos del tiempo. Salir más adelante al parque de mis sueños difusos y pintar allí muchas mariposas amarillas. Revivir entonces el viejo enamoramiento de Mauricio Babilonia; sentir una metáfora de sucinta belleza, bañada entre muchos amores solitarios. Hacer al mismo tiempo de la calle tercera, un lugar más luminoso con varias palomas blancas, varias palomas dignas de angelitud y grandeza cegadora. Hacer de esta pesadumbre edénica; un jardín más habitado por las almas vivas del mundo lacrimoso, que seguimos viviendo horrorosamente. Volver otra vez a mi habitación lóbrega. Sacar enseguida una crónica sobre lo visto en las afueras del desconcierto imperante. Dejar correr aquí los segundos de los culpables y los justos otra vez. Soltar mi prosa caudalosa sin mucha tardanza a los escritores gustosos de sabiduría. Descubrir los niños desamparados y sin ropa, vistos en cada recodo mal oliente del centro urbano, donde no lo pasamos vestidos de indiferencia, disfrazados de soberana vanidad. Muchachos del conservatorio jugando por otra parte a ser grandes en el parque musical. Tocan sus instrumentos bellamente bajo una tarde pintada por Darío Jiménez. Ellos van y vienen a su hora en procura de muchas caricias temerosas con sus jovencitas enamoradas. Las parejas van y se besan junto al viento de los verdaderos poetas. Hay sin embargo un niño; quien está solo, desarrapado de las mujeres flautistas, quien va tocando al tiempo, algún violín de un tal Alberto. Esto lo hace magistralmente y con gracia refinada. Lo toca como si fuera ese francés muy preferido de su infancia; Charles Munch. Las armonías suyas vienen además acompañadas junto a los cantos de muchos pájaros reverenciados del gran paraíso. Ellos van cortando las nubes violetas de una María; cantada justamente por Jorge Isaacs, y ya van sacando esa melodía de picos rojos y alas chispeantes. Aquí el niño se levanta ya de su escaño de concreto. Lo hace de golpe y más adelante, susurra al cielo; para esta vida sólo quiero ser, sólo ansío ser como mi maestro; Cesar Augusto Zambrano, final de la pequeña historia.
Inventarme en este momento mi otra fantasma. Hacerlo con el lápiz y el lienzo; pensar ella por segunda vez; pensar en la mujer que tanto quiero, pensar así en mi ciudad pasmosa y fantasmagórica, pensar en ella, pensar en la mujer de mis canciones, evocar la niña de mi infancia, verme en sus afueras quebradas, sin mucha espera por una mejor esperanza de mutaciones, lindas en su gracia.
Ahora pues habrá que conocernos entre unos y otros; sabernos algo más que un simple saludo. Entendernos más entre las conversaciones inesperadas. Saber por lo menos quienes somos en compañía de las tertulias engendradas en los parques y los conciertos musicales. Hacer muchos amigos en los cafés y los bares literarios, cuyos hermosos lugares, parecen resurgir lentamente en este pueblo acallado, cuando hay veces, sigue brumoso por la noche, sin alegría, sin sonrisas, sin nada. Saber además quien fue Hugo Ruiz en su bella literatura y su existencia muy saturada de rebeldía. Diferenciar por lo menos a ese gran artista de los otros tantos cuentistas que aún hay dispersos. Saber de su inmortalidad con la inspiración de las bellas artes, al otro lado del silencio. Conocer su última novela. Conocer los Días en blanco. Asombrase también de la muerte dulce que tuvo, Hugo, antes de irse de todos. Tomarse además un viernes de espléndida libertad. No ir al trabajo para una vez olvidada. Sólo irse, sólo amar, sólo caminar solo por la sala de exposiciones de alguna Universidad pública. Ingresar por tanto y lentamente al salón principal de la galería. Saludar con un beso a la asistente de piel morena quien no para de mirar las pinturas. Hablarle bonito a ella. Ver allí y sólo entonces; las obras pintorescas de Edilberto Calderón y Niño Botia. Edilberto por su parte es un maestro de maestros. Se sabe muy bien visto entre los pocos que quedan vivos andando por entre esta ciudad delirante. Por pura lógica es un ciudadano ilustre. Ellos son por tanto unos magistrales inventores. Estos pintores revestidos de gracia junto a los otros tantos artistas, ellos, muy buenos desde sus artes, pero ellos aún empolvados ante desconocimiento que tiene la gente de nuestro departamento tolimense sobre la cultura pictórica.
Por otra parte la ciudad del ocobo está bien variada entre la tierna belleza creadora. Los artistas del óleo y de la pintura; así como los fotógrafos artesanales y modernos, dejan puestas unas obras atractivas entre las salas de arte y otras galerías atrayentes, sin embargo, no hay mucha participación ciudadana constante, porque casi no hay difusión por ningún lado sobre las ocasiones culturales. Los lectores del arte abstracto. Los interesados en los problemas culturales. Los enamorados de la ciudad poética. Todos ellos necesitan espacios de reunión y agrupación fraternal. Eso sí. Es muy claro. Esta labor de reunión social se está haciendo cuidadosamente. Pero la gente apenas lo va descubriendo. Es un fenómeno que pasa escasamente con el encuentro anual del Ibagué en flor. Las lecturas a cielo abierto. Unas y otras veladas de vino y música; bajo las estrellas luminosas del crepúsculo. Así que los periodistas deben tomar otros medios de esparcimiento comunicacional, para hacer llegar así, las noticias profundas. Hay similarmente; pese a todo lo demás, unos y otros espacios de concurrencia, filosófica y literaria, para los habitantes de esta linda casona, algo acallada por el desinterés comunitario, igual, los eventos que podemos visitar, son muy distintos en su forma organizacional; hay además para casi todas las preferencias intelectuales de cada gusto particular. Por otra parte; pues son muy regulares las oratorias de apreciación musical, fuera de la participación vívida; sentida con las palabras y los versos del hoy contemporáneo. Hay para su misma razón; muchos conversatorios sobre pintura; sobre poesía y sobre literatura, acrisolados alternadamente en los salones más refinados de la ciudad musical. También estará ahora desde este año mundo palabra. La palabra en las calles y en el teatro de los lindos mimos. Eso ya lo ve uno en las calles vespertinas. Que buena esta idea de razón. Al mismo tiempo, se congregan entonces, varios teatros del dominó urbano. Obras recreadas por los mismos jóvenes en las plazoletas lluviosas. Obras dignas de ser llevadas a otras ciudades rellenas de magia y sabor risueño. Muchos protagonistas, espejados en los actores del juego, para saber vivir un día mejor. Las muestras cinematográficas; colocadas en ese museo de arte moderno. Los espejos de otras culturas, ellas, develadas en el cine independiente. Toda esta información es lógicamente de gran importancia para la ciudad de los fantasmas. Los conciertos musicales de rock es otra muestra significante. Es obvio igualmente que los eventos no son mostrados con mucha importancia en los medios alternativos y no alternativos, aún no precisados en esta, Ibagué, colmada de voces distantes.
Por otra parte; elucido algunos concursos sobre cuento regional; aparte de las convocatorias, basadas sobre las ideas fotográficas, además, hay ya algunas entrevistas concernientes, para la danza y para la música tolimense de los habitantes. Pero bien es cierto que todas estas actividades de sabiduría imaginada; aún no son atractivas, para la televisión ciudadana, ni para la prensa nacional. Fuera del otro lado incierto; vislumbro sobre estos espectáculos, la importancia de significado esencial, resultante en los actores sociales de esta ciudad, interesados en los espacios artísticos y danzarines, igual, lo es necesario, para estos creadores del arte, ansiosos por dar a conocer sus dignas obras.
La caída del arte, sin embargo, va siempre reflejada por la no solución de esparcimiento entre las muchas entidades ciudadanas. Despertar la alegría en los muchos pueblos del mundo sufriente. Sacar la soledad de esas mentes nostálgicas dulcemente. Mostrar los diferentes lugares de encuentro; ajenos, otra vez, para los muchos habitantes de esta Ibagué desequilibrada. Toda esta idea sospechosa es una deficiencia causada por la falta de revistas y demás periódicos alternativos en las manos de cada vagabundo inspirado. La presencia de por lo menos algún espejo que muestre las otras expresiones humanas nuestras. Unas expresiones muy cercanas para nosotros mismos en sus formas ceremoniales; sin embargo, dejadas atrás por ese desconocimiento a la sabiduría de saber leer un buen libro. No quiere recuperarse asimismo el placer por apreciar las otras miradas de los hombres; ellos, prodigiosamente sensibles y decaídos en este paraíso perdido. El simple placer por recrear una humilde obra, esculpida simplemente; entre muchos alambres, entre algunas hojas de ocobos marchitados. Gritar con los símbolos y las señales; lo tanto que nos aqueja a cada rato en la estancia donde no lo pasamos aburridos. Viejos de caras rugosas en las ventanas del sin movimiento entretenido. Ver otra vez esa delicia por sentir un buen cortometraje; bajo la tarde de un cielo encendido y desnudo; desnudo y tan limpio como las sirenas de una Odisea hundida, absolutamente olvidada por los hombres. La fantasía de este día haciéndose entonces una realidad latente y persistente a nuestros ojos desorbitados. Y aquí ese sueño de Rayuela hacerlo una gran verdad para su juego existencial. La vida entendida como un juego muy serio. Mover la piedra del andar y llegar pronto al cielo del arte y del nunca jamás. Salirnos asimismo de este círculo absurdo que ideamos nosotros mismos con una rutina inexistente y difusa. Trastocar así pues todos los laberintos de Borges y bifurcarlos más adelante; entre muchos días revestidos de complejidad y desconcierto espiritual. Hacer de cada mañana una mañana renovada con la confianza de seguir hacia atrás o hacia adelante como lo hacía Juan Rulfo en su novela; Pedro Páramo. Pensar aquí en los fantasmas del más allá, talo como lo hacía Hugo Ruiz en medio de su pesadilla imperfecta. Saber que morir es escasamente dejar de ser vistos. Esta sabiduría del mismo maestro de las letras, Hugo. Entender ahora a Charles Dickens; rodeado de muchas almas muertas, forjadas por su propia invención espejada. Hacer enseguida del surrealismo una realidad alterna, junto con el pensamiento; recubierto de confianza en el ser humano. Recordar y creer ciegamente en los ángeles de Tomás Carrasquilla. Ver la desesperanza de Jorge Eliecer Pardo en sus cuentos que tratan sobre el secuestro constante. Sentir la prosa exuberante de Héctor Sánchez en cada recreación suya sobre sus noches en casa de María Antonia. Retomar de una buena vez sus obras, siempre cargadas de estío providencial. Saber que este lustroso escritor de mi tierra soleada es un buen descubridor del romance trágico. Al final del principio pues ver un poco más allá del fin del mar.
Sobre el resto, sobre la ciencia, para mí saber es querer con la bondad del corazón. Retornar obviamente a los escritos de Sócrates. Luego comprender que no sabemos nada más que estar equivocados en las simples invenciones para nuestro orgullo, imaginado y simple en cada error. Volver igualmente a Miguel de Unamuno; dejar entonces atrás; sin mucha ambición, los tantos Dioses que aún ideamos; que aún no somos lógicamente desde la vanidad. Vernos solamente entre la pequeñez de pulgarcito y los siete enanitos. Saber desde aquí lo vulnerable que es un ser humano ante la misma naturaleza inmortal. Gritar por otra parte la necesidad de conocimiento artístico y filosófico a nuestros semejantes. Hacernos por fin ilustres tras cada día desahogado en los desprecios indiferentes. Descubrir que la humildad es sinónimo de sabiduría, humidad; un sinónimo de verdadera grandeza. Ir así pues hacia los conversatorios de ciencia y letras, gestados por la Biblioteca Darío Echandía, para cada rato ansiado de un mejor día. Sentir algo de nostalgia cuando las bibliotecas están solas y sin muchos libros en las estanterías. Hacernos más ratones de pensamiento y hacernos menos bohemios en un tiempo que ya se va borrosamente en su perdición. Difundir el conocimiento propio al que no sabe; hacerlo entre la tinta y el papel, más para estos motivos del hoy donde nadie toma un poemario de Luz Estella. Hacerlo por todos los rincones de esta pequeña estancia musical; aparentemente ochentera desde su memoria de crítica; tanto en lo individual como en los social. Saber hablar, sólo así, hablar sobre periodismo investigativo. Hablar sobre política en las muchas calles de la tercera límpida de rosas. Procurar menos crítica dañina. Inventar más creación significante. Tratar por lo demás, algunas otras transfiguraciones para esta sociedad revertida, cuyos ideales vayan en procura del beneficio de todos estos habitantes despreocupados. Hacer quizá una transformación del sistema general en los individuos de poco conocimiento intelectual. Hacer más libertad en los muchachos de estas generaciones que se vienen otra vez. Edificar eso sí, estas muchas ideas, junto al estímulo de artículos densos, escritos más bien entre las profundidades culturales. Sacar a relucir muchas reuniones, sobre crítica social, sobre los demás documentos de corte periodístico.
En estos problemas de cultura; dar al mismo tiempo, mayor rescate de participación a los ciudadanos. Ello puede ser una clarificada muestra sobre las dolencias de un pueblo que ansía más inteligencia y menos ignorancia. Ponernos aquí de manos al trabajo en los jóvenes y en conjunto, entre los hombres, quienes desean ser escuchados. Abrir más ríos de musicalidad por donde la palabra brille como una luciérnaga sobre el ocaso de estos días persistentes en desgracia. Hacer un ocaso más tolerante, hasta cuando despunte por fin, algún alba de verdadera cultura. Esa tiene que ser la posible salida del túnel espectral. Ir tras cada parte humana, contra los paradigmas mal colocados en esta sociedad de risas lamentables. Dejar esa fantasía de la fama de una buena vez. Dejar la opulencia propia para siempre. Muchos terminan allí acabados en la misma locura que se inventan ellos mismos. Hay otros que se lo pasan esclavos ante los medios masivos de comunicación. Muertes culminadas ya entre los perseguidores, entre los fanáticos; los supuestos héroes del descontrol mediático. No hay entonces muchos de pensamiento en los seres humanos de esta nueva generación; zombie, una generación muerta y viviente, para su misma sin razón. Así que son pocos los que se levantan de la pesadilla; quienes salen a recorrer su destino en procura de una mejor existencia; ella, algo más humana, algo más igualitaria, algo más bien pintada de justicia.
Rusvelt...
porque el arte es la lucha
contra la muerte.
Carlos Cano
El mutismo en los medios culturales de la ciudad, vaciada en pocos versos, trata de ser siempre una realidad que golpea a todos los habitantes de esta mansión abandonada por las buenas letras y las bellas artes. Parecemos residir hoy en una inmensa galería polvorienta y telarañosa de poco arte rejuvenecido. Es pues esta caída angelical del arte, una mirada acusada y muda en su desgana esencial, tanto en la significación escrita como para una elaboración del séptimo arte, sin dejar atrás, claro; las muchas visiones existenciales de la pantalla pequeña. No hay de por sí televisión local en esta ciudad. Todo se pierde en un sin sabor de imaginación. La difusión de las obras, junto al aplauso festivo, hacia los buenos artistas; resulta ser, por tanto; una limitación, algo apagada en su poca trascendencia social para este pueblo, aún ausente de voces líricas, aún tardío en sus poemas vespertinos de florecimiento; para las bondadosas almas del canto lírico. Hay además en este fenómeno apaciguado, una mala verdad de afectación sobre la vida dedicada para con los otros amantes de la vida. Es resultado del retroceso evolutivo, otra vez, recreado en los hombres ignorantes. Ellos ausentes en su desmesurada cultura cosmogónica, ellos sin una significación propia de sentido común. Muchos de nosotros aún estamos escasos de algún vuelo ceniciento. No hay casi espacios predispuestos entre los creadores de la bella imaginación. No hay música regional por estos motivos del sin manantial a la creatividad. La magia evocada con las manos se pierde entonces entre la vacuidad de los días rutinarios. Aquí pues viene eros en su ternura de luminosidad, pero al no ver nada en los inventores; procura irse otra vez como el viento impalpable de esta muerte sedienta de poesía y pintura vanguardista, ansiosa por una verdadera vida, perdurable entre los días intensos para procrear así, buenas obras de complejidad. Así que ahora es momento de levantar estos muchos artes armónicos, ellos, encargados de limpiar, las muchas mentes embotadas, adormecidas entre la nada del sin saber inspirado. Uno nada más siente hoy ese suspiro de profusas tardes donde no se hace algo muy restallante; para alguna otra fantasía, lindamente realista en compañía de su otra bizarría por imaginar otras cosas. Esta misma evocación, trata de ser, desde luego, una observación puramente concurrente, presentida por entre estas grandes calles entreoscuros, bajo el sin placer alucinado, donde no se hace mucho sentimiento, entre las almas hermanas. Sólo te vas por las afueras y percibes esa miseria y esa desgana en cada muchacho reverberante de música clasicista y sin embargo, todos ellos, todos los músicos alternativos; parecen no estar vivos en su melodía, entre los otros semejantes, lógicamente, porque aún son dejados atrás como simples fantasmas, dejados atrás en su soledad tenebrosa, sin muchos resoplidos, sin una verdadera ciencia, donde los hagan sobrevolar artísticamente por sobre sus sueños resistentes, donde giren por sobre sus edenes persistentes.
Saber elucidar, igualmente, este reiterado olvido de cultura en los pueblos, deja siempre la exuberancia de inspiraciones rotas en una sucinta desgracia, ante los niños poetas, quienes antes lo fueron furiosamente en otras épocas del mundo. La historia del mundo como gran esencia. Pero hoy ya hay una caída más en los jóvenes fantásticos. El hundimiento por no seguir haciendo una ciudad más habitable se siente tenebrosamente en su momento más desvergonzado. La muerte dando vueltas por cualquier recodo espantoso. Además está la reiteración de algunas formas de arte ajenas a la nuestra en los muchos medios masivos, ellos, nos va matando lentamente, la identidad propia. No hay sentido de patria, ni de pertenencia. Ya no sabemos quien es quien cuidadosamente por la calle, ni en casa. La gente sola en su abstracción. La aldea de Sur América entendida otra vez desde su histórica equivocación. Po lo cual aún nos vamos al viejo mundo del cine y enseguida nos quedamos sin memoria presencial, ni existencial. Nos dejamos lavar las mentes entre las otras realidades. Nos perdemos en los infiernos comprendidos por Libardo Vargas Celemín. Pensamos que esos son los pasos a seguir junto con la última moda actual. Nos sabemos sin nada entre la crítica. Perdemos desde cada forma de pensar; nuestro sentido individual por formar un juicio, más revolucionario y libertario. Parecemos ya unos marcianos de una era que no es de aquí sino del otro lado ajeno. La verdad del origen nuestro se perdió muy fácilmente; algo así como ver un sombreron, simbolizado con la marquilla de United States; entre su mismo desprecio al otro sentimiento cultural. Así que uno entiende ya esa gran alienación por parte de los otros medios de comunicación, supuestamente culturales y no comerciales. Esta perdida de historia en mi ciudad, tiende por hacerse más reteñida que nunca en sus habitantes. Todos mis amigos reconquistados otra vez. La desmemoria viene pues desde la presencia del consumo exageradamente extranjero. No sabemos ya quien es quien en su propia obra. Parte de aquí un simple seguimiento sobre otras tendencias ideológicas fundamentadas en otros conceptos artísticos. Ideas develadas, más que nada, sobre estos ropajes, sabidos en los jóvenes del hoy rematado por ese traslado de engaños, otra vez coloniales, otra vez, traídos del mundo europeo. Se muere entonces la virtud de creación inmortal en los pintores; mueren entonces los escultores de esta región selvática. Ellos se ven ahora andando andrajosos, caminando bohemios porque no hay tiempo para escucharlos. Sólo capitalismo y economía en su mayor exageración desbordada. Vemos escasamente; luego, unas y otras semejanzas, junto con las artes, ellas antiguas, para las naciones del otro mar sumergido en otro mar, sin embargo, no hay nada de invenciones propias; ni nada de descubrimientos para el beneficio de las ciudades pobremente cosmopolitas. Que miseria es ver este relleno de cosas extravagantes y repetidas. Hay además un retroceso sobre la posible mirada de los otros mundos distantes. Ellos algo evanescentes en su sistema de ordenamiento social. Unos universos asombrosos que habrán de ser espejados con la misma recreación, cuando se sabe dibujar, cuando se enseña a escribir bien.
Se presiente asimismo una íntima relación entre la mano y la cultura, adormecida lógicamente por los pensadores materialistas; una linda intimidad, entre la mano y el pensamiento estético, dejado para los otros sabios de otras ideas perladas. Así lo supone cada ser humano del amor, cuando va dejando correr sus instantes otra vez, hacia la inexplicable creación de forjar, literatura junto con la ciencia de los filósofos. Es algo así como hacer un ritual soberano en ritmo de la sutil universalidad. Es algo así como recrear este infinito cosmos entre todos nosotros; pobres seres de la misma creación divina. Hay es que hacernos ciudadanos universales. Y desde luego, aunque es así la hermosa vida, vemos que en este momento del alba despuntado, hay muchos creadores en esta ciudad musical; reverberante; quienes terminan siendo empañados por los simplemente interesados en las villas antiguas y ya recorridas en sus imperios resquebrajados. No se siente aquí pues un estimulo reiterado por hacer serios habitantes erguidos en la gran ilustración mujeril. Sólo el odio resistido en su máxima expresión de la equivocación. La ignorancia de algunas conciencias predominando sobre las otras mentes más atrasadas; desbordantes para estos ciudadanos inmortales. Eso ya dicen saber todo lo que no saben bajo su gran desconocimiento incomprensible. Así que aún parecemos estar, entre los rincones de cada estancia, reflejados en otra horrenda desacralización al arte de este país colombiano. Un país digno para ser recordado en su exuberancia ancestral; pero ahora, inscrito aquí, según algún solitario canto de soberana irrealidad; desdibujado por este materialismo salvaje, presenciado últimamente en las muchas esferas andinas y latinoamericanas del desconcierto socialista. No hay además casi muchos pasados, descritos en las pinturas, ni tampoco, hay casi recuerdos prefijos en esta desmemoria del hoy extasiado de descaro infiel.
De hecho, aparece en la historia cultural de las regiones colombianas; los otros escasos aturdimientos, vista hacia los Chibchas y Guambianos de sus cerros naturales. En su momento todo se va rayando en otros ideales de suciedad; horrendamente manchados junto, al paso de este mismo destiempo incandescente. Las mañanas parecen irse a cada rato sobre su vertiginosidad, entre muchas tecnologías y varios chat juveniles, figurados sin muchas conversaciones profundas. Todo ideado sin muchos giros progresistas. Y aquí ya casi nadie se detiene a pensar en alguna transformación social de gran trascendencia. La vida misma se viene entonces y se pierde por sobre los quehaceres cotidianos de la soledad virtual. Es una soledad que concebimos lentamente. Una soledad que procreamos erradamente al ritmo de los días. Luego vemos a los hombres y a las mujeres cada vez más distantes de los libros, alejados de la poesía presentida en las hojas del bien. Ellos algo alejados de las esculturas antiguas, recreadas con los abrazos y los sueños sensibilizados de los otros dioses. Pasa así pues esta indiferencia como si nada, entre los ciegos del espacio, porque esta urbe de gente, aún se deja llevar por los estilos estrambóticos, modelos de turno, ellos, posando todavía, para esas revistas vanidosas y demás escenarios del sarcasmo social.
El amor a la poesía es por todas partes un gran amor para la eternidad. La decencia por hacernos hombres más limpios con el paso de los años tendrá que ser entonces nuestra fortaleza por seguir adelante; tras esta tempestad de oscuridad. Esa delicadeza por inventar otro mundo de vidas mejores y más llevaderas en todos los seres de esta esfera terrestre; procurará ser la verdadera solución. Descubrir la razón y no la terquedad. Hacerlo con las palabras sutiles; hacerlo con el pincel y la paleta del pintor; incendiar, hasta siempre, entre la gran inspiración de las noches aliadas, la vida de otros mañanas, siempre esperados en las almas muertas. Expresar así sucintamente cada sentimiento del ser para cada crepúsculo estrellado. Susurrar las mañanas floridas de cada pueblo propio con las guitarras y las flautas soterradas. Recuperar al Mohán de su entierro donde está aún tumbado; bajo la hojarasca arrasadora del otoño, no presenciado por el patriarca. Florecer además su bosque encantado con los versos de Alicia Sendoya. Sacar luego una sirena de la literatura para que ella vuele por entre los ríos de algún país lejano. Engendrar bajo la luz del sol una mariposa roja desde mi boca mojada. Dejarla ir a su paso por entre el agua del mar Caribe. Transfigurarla luego en la mujer de mis ansías persistentes. Hacer mientras tanto la sucinta escultura de muchos indios masacrados; para el ayer ensangrentado de la conquista espantosa. Y es así como tendremos que idear, por todos los dioses; otro mundo, pensar quizá en una selva de más canela y más Ursuas descubiertas. Verlas desnudas a ellas en las figuraciones del pensamiento. Descubrir sus pechos limpios en la pureza de los árboles verdosos. Decirle por tanto a mi novia que la amo otra vez. Después susurrarle que salió de mi misma vida creadora. Hacerlo silenciosamente en compañía de alguna simple flor de papel y hacerlo junto con una luciérnaga traída del cielo de sus ojos dorados. Pedirle además la sola fiesta de amor; por sus besos reiterados bajo la lluvia de los ocobos morados, quienes nos abrazan de cuando en cuando en los otros bosques del silencio paradisiaco. Y así mucho más; querer cantarle junto al lecho suyo, mi tristeza, mi ausencia, cuando estaba sin ella, sin su presencia cautiva, entre las lilas del umbral.
Reconocer ya en otros días, junto al sol rojizo de octubre, las obras de Omar Rayo. Pasear de alguna forma al museo de arte moderno. Recorrer los pasillos cristalinos del recuerdo suyo y mío. Ver aquí las figuras geométricas de sus cuadros abstractos. Perderme en los laberintos de sus creaciones insondables. Luego volver y alejarme otra vez de casa para un largo momento Borgesiano. Ir congelando ya todos los tiempos del tiempo. Salir más adelante al parque de mis sueños difusos y pintar allí muchas mariposas amarillas. Revivir entonces el viejo enamoramiento de Mauricio Babilonia; sentir una metáfora de sucinta belleza, bañada entre muchos amores solitarios. Hacer al mismo tiempo de la calle tercera, un lugar más luminoso con varias palomas blancas, varias palomas dignas de angelitud y grandeza cegadora. Hacer de esta pesadumbre edénica; un jardín más habitado por las almas vivas del mundo lacrimoso, que seguimos viviendo horrorosamente. Volver otra vez a mi habitación lóbrega. Sacar enseguida una crónica sobre lo visto en las afueras del desconcierto imperante. Dejar correr aquí los segundos de los culpables y los justos otra vez. Soltar mi prosa caudalosa sin mucha tardanza a los escritores gustosos de sabiduría. Descubrir los niños desamparados y sin ropa, vistos en cada recodo mal oliente del centro urbano, donde no lo pasamos vestidos de indiferencia, disfrazados de soberana vanidad. Muchachos del conservatorio jugando por otra parte a ser grandes en el parque musical. Tocan sus instrumentos bellamente bajo una tarde pintada por Darío Jiménez. Ellos van y vienen a su hora en procura de muchas caricias temerosas con sus jovencitas enamoradas. Las parejas van y se besan junto al viento de los verdaderos poetas. Hay sin embargo un niño; quien está solo, desarrapado de las mujeres flautistas, quien va tocando al tiempo, algún violín de un tal Alberto. Esto lo hace magistralmente y con gracia refinada. Lo toca como si fuera ese francés muy preferido de su infancia; Charles Munch. Las armonías suyas vienen además acompañadas junto a los cantos de muchos pájaros reverenciados del gran paraíso. Ellos van cortando las nubes violetas de una María; cantada justamente por Jorge Isaacs, y ya van sacando esa melodía de picos rojos y alas chispeantes. Aquí el niño se levanta ya de su escaño de concreto. Lo hace de golpe y más adelante, susurra al cielo; para esta vida sólo quiero ser, sólo ansío ser como mi maestro; Cesar Augusto Zambrano, final de la pequeña historia.
Inventarme en este momento mi otra fantasma. Hacerlo con el lápiz y el lienzo; pensar ella por segunda vez; pensar en la mujer que tanto quiero, pensar así en mi ciudad pasmosa y fantasmagórica, pensar en ella, pensar en la mujer de mis canciones, evocar la niña de mi infancia, verme en sus afueras quebradas, sin mucha espera por una mejor esperanza de mutaciones, lindas en su gracia.
Ahora pues habrá que conocernos entre unos y otros; sabernos algo más que un simple saludo. Entendernos más entre las conversaciones inesperadas. Saber por lo menos quienes somos en compañía de las tertulias engendradas en los parques y los conciertos musicales. Hacer muchos amigos en los cafés y los bares literarios, cuyos hermosos lugares, parecen resurgir lentamente en este pueblo acallado, cuando hay veces, sigue brumoso por la noche, sin alegría, sin sonrisas, sin nada. Saber además quien fue Hugo Ruiz en su bella literatura y su existencia muy saturada de rebeldía. Diferenciar por lo menos a ese gran artista de los otros tantos cuentistas que aún hay dispersos. Saber de su inmortalidad con la inspiración de las bellas artes, al otro lado del silencio. Conocer su última novela. Conocer los Días en blanco. Asombrase también de la muerte dulce que tuvo, Hugo, antes de irse de todos. Tomarse además un viernes de espléndida libertad. No ir al trabajo para una vez olvidada. Sólo irse, sólo amar, sólo caminar solo por la sala de exposiciones de alguna Universidad pública. Ingresar por tanto y lentamente al salón principal de la galería. Saludar con un beso a la asistente de piel morena quien no para de mirar las pinturas. Hablarle bonito a ella. Ver allí y sólo entonces; las obras pintorescas de Edilberto Calderón y Niño Botia. Edilberto por su parte es un maestro de maestros. Se sabe muy bien visto entre los pocos que quedan vivos andando por entre esta ciudad delirante. Por pura lógica es un ciudadano ilustre. Ellos son por tanto unos magistrales inventores. Estos pintores revestidos de gracia junto a los otros tantos artistas, ellos, muy buenos desde sus artes, pero ellos aún empolvados ante desconocimiento que tiene la gente de nuestro departamento tolimense sobre la cultura pictórica.
Por otra parte la ciudad del ocobo está bien variada entre la tierna belleza creadora. Los artistas del óleo y de la pintura; así como los fotógrafos artesanales y modernos, dejan puestas unas obras atractivas entre las salas de arte y otras galerías atrayentes, sin embargo, no hay mucha participación ciudadana constante, porque casi no hay difusión por ningún lado sobre las ocasiones culturales. Los lectores del arte abstracto. Los interesados en los problemas culturales. Los enamorados de la ciudad poética. Todos ellos necesitan espacios de reunión y agrupación fraternal. Eso sí. Es muy claro. Esta labor de reunión social se está haciendo cuidadosamente. Pero la gente apenas lo va descubriendo. Es un fenómeno que pasa escasamente con el encuentro anual del Ibagué en flor. Las lecturas a cielo abierto. Unas y otras veladas de vino y música; bajo las estrellas luminosas del crepúsculo. Así que los periodistas deben tomar otros medios de esparcimiento comunicacional, para hacer llegar así, las noticias profundas. Hay similarmente; pese a todo lo demás, unos y otros espacios de concurrencia, filosófica y literaria, para los habitantes de esta linda casona, algo acallada por el desinterés comunitario, igual, los eventos que podemos visitar, son muy distintos en su forma organizacional; hay además para casi todas las preferencias intelectuales de cada gusto particular. Por otra parte; pues son muy regulares las oratorias de apreciación musical, fuera de la participación vívida; sentida con las palabras y los versos del hoy contemporáneo. Hay para su misma razón; muchos conversatorios sobre pintura; sobre poesía y sobre literatura, acrisolados alternadamente en los salones más refinados de la ciudad musical. También estará ahora desde este año mundo palabra. La palabra en las calles y en el teatro de los lindos mimos. Eso ya lo ve uno en las calles vespertinas. Que buena esta idea de razón. Al mismo tiempo, se congregan entonces, varios teatros del dominó urbano. Obras recreadas por los mismos jóvenes en las plazoletas lluviosas. Obras dignas de ser llevadas a otras ciudades rellenas de magia y sabor risueño. Muchos protagonistas, espejados en los actores del juego, para saber vivir un día mejor. Las muestras cinematográficas; colocadas en ese museo de arte moderno. Los espejos de otras culturas, ellas, develadas en el cine independiente. Toda esta información es lógicamente de gran importancia para la ciudad de los fantasmas. Los conciertos musicales de rock es otra muestra significante. Es obvio igualmente que los eventos no son mostrados con mucha importancia en los medios alternativos y no alternativos, aún no precisados en esta, Ibagué, colmada de voces distantes.
Por otra parte; elucido algunos concursos sobre cuento regional; aparte de las convocatorias, basadas sobre las ideas fotográficas, además, hay ya algunas entrevistas concernientes, para la danza y para la música tolimense de los habitantes. Pero bien es cierto que todas estas actividades de sabiduría imaginada; aún no son atractivas, para la televisión ciudadana, ni para la prensa nacional. Fuera del otro lado incierto; vislumbro sobre estos espectáculos, la importancia de significado esencial, resultante en los actores sociales de esta ciudad, interesados en los espacios artísticos y danzarines, igual, lo es necesario, para estos creadores del arte, ansiosos por dar a conocer sus dignas obras.
La caída del arte, sin embargo, va siempre reflejada por la no solución de esparcimiento entre las muchas entidades ciudadanas. Despertar la alegría en los muchos pueblos del mundo sufriente. Sacar la soledad de esas mentes nostálgicas dulcemente. Mostrar los diferentes lugares de encuentro; ajenos, otra vez, para los muchos habitantes de esta Ibagué desequilibrada. Toda esta idea sospechosa es una deficiencia causada por la falta de revistas y demás periódicos alternativos en las manos de cada vagabundo inspirado. La presencia de por lo menos algún espejo que muestre las otras expresiones humanas nuestras. Unas expresiones muy cercanas para nosotros mismos en sus formas ceremoniales; sin embargo, dejadas atrás por ese desconocimiento a la sabiduría de saber leer un buen libro. No quiere recuperarse asimismo el placer por apreciar las otras miradas de los hombres; ellos, prodigiosamente sensibles y decaídos en este paraíso perdido. El simple placer por recrear una humilde obra, esculpida simplemente; entre muchos alambres, entre algunas hojas de ocobos marchitados. Gritar con los símbolos y las señales; lo tanto que nos aqueja a cada rato en la estancia donde no lo pasamos aburridos. Viejos de caras rugosas en las ventanas del sin movimiento entretenido. Ver otra vez esa delicia por sentir un buen cortometraje; bajo la tarde de un cielo encendido y desnudo; desnudo y tan limpio como las sirenas de una Odisea hundida, absolutamente olvidada por los hombres. La fantasía de este día haciéndose entonces una realidad latente y persistente a nuestros ojos desorbitados. Y aquí ese sueño de Rayuela hacerlo una gran verdad para su juego existencial. La vida entendida como un juego muy serio. Mover la piedra del andar y llegar pronto al cielo del arte y del nunca jamás. Salirnos asimismo de este círculo absurdo que ideamos nosotros mismos con una rutina inexistente y difusa. Trastocar así pues todos los laberintos de Borges y bifurcarlos más adelante; entre muchos días revestidos de complejidad y desconcierto espiritual. Hacer de cada mañana una mañana renovada con la confianza de seguir hacia atrás o hacia adelante como lo hacía Juan Rulfo en su novela; Pedro Páramo. Pensar aquí en los fantasmas del más allá, talo como lo hacía Hugo Ruiz en medio de su pesadilla imperfecta. Saber que morir es escasamente dejar de ser vistos. Esta sabiduría del mismo maestro de las letras, Hugo. Entender ahora a Charles Dickens; rodeado de muchas almas muertas, forjadas por su propia invención espejada. Hacer enseguida del surrealismo una realidad alterna, junto con el pensamiento; recubierto de confianza en el ser humano. Recordar y creer ciegamente en los ángeles de Tomás Carrasquilla. Ver la desesperanza de Jorge Eliecer Pardo en sus cuentos que tratan sobre el secuestro constante. Sentir la prosa exuberante de Héctor Sánchez en cada recreación suya sobre sus noches en casa de María Antonia. Retomar de una buena vez sus obras, siempre cargadas de estío providencial. Saber que este lustroso escritor de mi tierra soleada es un buen descubridor del romance trágico. Al final del principio pues ver un poco más allá del fin del mar.
Sobre el resto, sobre la ciencia, para mí saber es querer con la bondad del corazón. Retornar obviamente a los escritos de Sócrates. Luego comprender que no sabemos nada más que estar equivocados en las simples invenciones para nuestro orgullo, imaginado y simple en cada error. Volver igualmente a Miguel de Unamuno; dejar entonces atrás; sin mucha ambición, los tantos Dioses que aún ideamos; que aún no somos lógicamente desde la vanidad. Vernos solamente entre la pequeñez de pulgarcito y los siete enanitos. Saber desde aquí lo vulnerable que es un ser humano ante la misma naturaleza inmortal. Gritar por otra parte la necesidad de conocimiento artístico y filosófico a nuestros semejantes. Hacernos por fin ilustres tras cada día desahogado en los desprecios indiferentes. Descubrir que la humildad es sinónimo de sabiduría, humidad; un sinónimo de verdadera grandeza. Ir así pues hacia los conversatorios de ciencia y letras, gestados por la Biblioteca Darío Echandía, para cada rato ansiado de un mejor día. Sentir algo de nostalgia cuando las bibliotecas están solas y sin muchos libros en las estanterías. Hacernos más ratones de pensamiento y hacernos menos bohemios en un tiempo que ya se va borrosamente en su perdición. Difundir el conocimiento propio al que no sabe; hacerlo entre la tinta y el papel, más para estos motivos del hoy donde nadie toma un poemario de Luz Estella. Hacerlo por todos los rincones de esta pequeña estancia musical; aparentemente ochentera desde su memoria de crítica; tanto en lo individual como en los social. Saber hablar, sólo así, hablar sobre periodismo investigativo. Hablar sobre política en las muchas calles de la tercera límpida de rosas. Procurar menos crítica dañina. Inventar más creación significante. Tratar por lo demás, algunas otras transfiguraciones para esta sociedad revertida, cuyos ideales vayan en procura del beneficio de todos estos habitantes despreocupados. Hacer quizá una transformación del sistema general en los individuos de poco conocimiento intelectual. Hacer más libertad en los muchachos de estas generaciones que se vienen otra vez. Edificar eso sí, estas muchas ideas, junto al estímulo de artículos densos, escritos más bien entre las profundidades culturales. Sacar a relucir muchas reuniones, sobre crítica social, sobre los demás documentos de corte periodístico.
En estos problemas de cultura; dar al mismo tiempo, mayor rescate de participación a los ciudadanos. Ello puede ser una clarificada muestra sobre las dolencias de un pueblo que ansía más inteligencia y menos ignorancia. Ponernos aquí de manos al trabajo en los jóvenes y en conjunto, entre los hombres, quienes desean ser escuchados. Abrir más ríos de musicalidad por donde la palabra brille como una luciérnaga sobre el ocaso de estos días persistentes en desgracia. Hacer un ocaso más tolerante, hasta cuando despunte por fin, algún alba de verdadera cultura. Esa tiene que ser la posible salida del túnel espectral. Ir tras cada parte humana, contra los paradigmas mal colocados en esta sociedad de risas lamentables. Dejar esa fantasía de la fama de una buena vez. Dejar la opulencia propia para siempre. Muchos terminan allí acabados en la misma locura que se inventan ellos mismos. Hay otros que se lo pasan esclavos ante los medios masivos de comunicación. Muertes culminadas ya entre los perseguidores, entre los fanáticos; los supuestos héroes del descontrol mediático. No hay entonces muchos de pensamiento en los seres humanos de esta nueva generación; zombie, una generación muerta y viviente, para su misma sin razón. Así que son pocos los que se levantan de la pesadilla; quienes salen a recorrer su destino en procura de una mejor existencia; ella, algo más humana, algo más igualitaria, algo más bien pintada de justicia.
Rusvelt...
lunes, 5 de abril de 2010
EL CANTO DE LA DESGRACIA
La vida es como una obra de teatro,
no importa su duración
sino lo bien que se ha interpretado.
Anónimo
La balada de la guerra siempre viene pintada de negro, tras estos muchos homicidios y tras esos y tantos genocidios; mal engendrados por el hombre primitivo en su pequeña estancia de sufrimientos existenciales. Unas muertes desbocadas además en cualquier recodo de las ciudades derruidas donde aún se mora en cada desconsuelo del pasado que mal fue hecho con las manos; saturadas en espinas cortantes. Estas angustias pues de otros pasados no despertados por el momento en las memorias rotas y desmoralizadas de cada criminal enceguecido por la fascinación al poder exacerbado. Así que allí en las afueras del viento y bajo la lluvia del invierno infinito, aparecen entonces desvestidos, los gritos de horror en los muchos mutilados de la vida injusta. Estos inocentes de siempre son por tanto desaparecidos sin respeto alguno por los seres malvados de las sombras, los espíritus del mal. Los desconocidos, son desprendidos asimismo de sus brazos y sus cabezas rebajadas, hacia este hedor de la muerte que ya viene horrorosamente hacia sus rostros descalabrados. Los vemos ahora suciamente explotados con bombas restallantes y demás minas quiebra patas, unas minas, quiebra dorsos humanos, minas incluso para destruir negritos pobres, ellos, sin mucha ropa que ponerse a la luz del sol rojizo. Eso los presiente uno volando por los aires lacrimosos. Decae por lo cual la dignidad del hombre en un abismo errante de inferioridad razonada y espiritual. El frio de la oscuridad burlándose en los sufrimientos de los inocentes. Luego develamos aquí otra vez todo un cuadro fantasmal y tenebroso que no parece ser de estos otros tiempos supuestamente modernos para esta generación dizque de progreso vanguardista. Al contrario del ayer vamos entre estos días umbríos es para otro laberinto perdido de más ayer y más atraso social volcado profundamente hacia la locura de una sola ambición y una retrasada crisis de desorden mental en los pensamientos psicóticos, por parte de los enfermizos criminales, los políticos encerrados en su fascinación materialista. De hecho nos sabemos casi sin puertas de esperanza entre los unos y los otros seres semejantes al desamor de los tantos que somos en cada sendero enceguecido, sólo tuyo y sólo mío, entre este nuevo destino incomprendido. Y así cada quien solitario y dispuesto al sinsabor de su mirada perdida, junto a la ventana de los tiempos violentos, uno tristemente en su andar, sin por lo menos algún cielo espejado, paseándose por entre las almas oprimidas de la ceguera, una ceguera que nos nubla al otro lado de los espejos, más diáfanos y menos ensombrecidos al mal. Quizá una lucidez sobre la ceguera como esta de Saramago. Eso es todo lo que presenciamos y agonizamos ahora espantosamente. Además estamos ya hasta indiferentes del otro amanecer que ni siquiera esperamos cuidadosamente por sobre nuestra estadía de horror, bien correspondida, tras su letargo esencial. La madrugada ensordecida prosigue entonces su trasegar vertiginoso, sin mucha reminiscencia bien esperada al perdón no pedido, ni limpiado con las peticiones benévolas de los culpables. Las cárceles de la memoria, resultan pues como una debida razón, rellenadas en viejas visiones a su paso por los días imperfectos, que aún no sabemos vivir.
Así que el resto del crepúsculo es igual; porque aquí en mi Colombia, nadie trata de quererse entre las cuidadosas amistades de quienes habitan estos antiguos barrios de fique y cañabrava, bien labrados a punta de esfuerzo cultural. Dichas residencias aparentemente descolonizadas tras su verdadera recuperación libertaria, comprendida con la misma guerra, pero esta procurada, solamente por una lucha social y forzosa para el bien de mi pueblo ensangrentado. Suponer pese a todo el odio entre las muchas familias congregadas; será siempre una buena realidad para este pedazo de mundo inundado de barbarie y calamidades. Ahogado en su miseria extravagante. Una miseria sin escrúpulos ni vergüenza en casi todos lados. Incluso los niños se nos mueren de hambre casi todos los días. Por tanto, viene la venganza otra vez al pensamiento en todos los amigos y demás conocidos del otro lado, resurgente en angustia. Sucede además este teatro aparente muy similarmente como en la historia de Metzengerstein. Es una obra universal del maestro literario Edgar Allan Poe. Pasan enseguida las horas y las épocas clásicas a través de cada rostro padecido entre las letras fugaces del entendimiento. Vuelve igualmente cada quien a su lugar inesperado de la otra historia. Y desde luego todos nosotros entrevistos allí en los viejos protagonistas de esta inmensa obra del sinfín no comprendido. Así pues es como nos vemos revividos en cada personaje curiosamente, pero siempre, idos hacia un inacabado abismo de trasluz, ella, resquebrajada sobre las escenas del supuesto futuro, cuyo vacio parece ser idéntico al pasado clásico, mal vivido en muchos de los artistas de la vida. Este sencillo esbozo quiere mostrar, por otra parte, una infinita continuidad en la existencia del hombre cargado de culpas en sus muchas concreciones vivenciales. Sólo manchas negras en su cuerpo derrotado y enfermizo. Eso quiere decir; también, nada de principio y nada de fin en la historia del viejo eslabón perdido. Sólo unas repeticiones de muchas experiencias entre los primates sobrevivientes a la razón premeditada; pero claro está, hay al mismo tiempo, muchos instantes, representados en diferentes espacios presenciales para estas almas inmortales. Es algo así como una flor amarilla de Julio Cortázar. Relato magistral del fantástico escritor Argentino. Significar también una puerta abierta al umbral torrencial que hay al otro lado del silencio.
Ahora bien, aparte de este símil comparativo, nos vamos yendo en su momento, hacia algún abismo envolvente, precisado en el más allá develado de los últimos vestigios de esta humanidad culposa. Arribamos aquí ya sobre este lóbrego espacio evolutivo. Vemos después como aparecen lentamente; las bestias horripilantes y peludas del antes que fuimos por sobre esta esfera primaveral y montañosa. Ellas atrasadas con sus hachas y martillos de piedra. Peleas entre unas razas y otras. Desaparición de las más atrasadas y supervivencia en las más intelectuales. A continuación pues habrá que gritarlo obviamente. Es cierto que hemos mejorado beneficiosamente en este progresivo suceder de los siglos perecederos, pero pese a todas las inclemencias salvajes, no dejamos de ser los idénticos primates de siempre, colgándonos en los palos, sin mucha esperanza, ante las montañas frondosas; por lo tanto, sólo habrá transformación en cada hombre, hasta cuando alejemos la terquedad viciada de matar por matar, al otro semejante con los cuchillos y las metralletas, una creación simplemente nuestra; igual; sólo prosperaremos universalmente, hasta cuando saquemos de sí mismos, los vicios propios y arraigados, ellos, aberrantes y decadentes, para las almas decaídas. Esos de humillar y pisotear al más atrasado con las cadenas y los grilletes del mal; simplemente porque dizque así lo queremos. En realidad pues nos sabemos aquí lógicamente perdidos, tras cada fascinación persistente de ser más poderosos, ante los verdaderos inocentes; eso sí, sólo grandes en las alucinaciones de estas invenciones errantes, sólo propias y trastocadas. Luego entonces, vuelven las verdades de la moral y así los reglamentos, terminan apagando estos irracionales supuestos del poder individualista. Allí donde hay una gran mentira en ideas posesivas, ellas, ni siquiera soportadas por los propios creadores humanos, resueltamente equivocados en sus actos y sus pensamientos atroces de escalabrar cabezas y reventar las bocas, limpias y pulcras, sea cuales fueran. Estos asesinos vienen quedando enseguida desvestidos como esas hienas que son realmente en su propio odio. Así que todas estas creaciones deprimentes en vez de enaltecernos en compañía de la furia, nos van es embotando más y más, hacia los pozos execrables de una muerte destruida; aún evocada en este lugar expiatorio de la tierra, donde no lo pasamos presos y sin muchas miras de luz eterna; simplemente soñando los ángeles, no mugrientos, ni ennegrecidos en los sentimientos del odio solitario, que ya no tienen. Eso quiere resumir, por otra parte; tomar la humildad en las manos, entender la humildad como sinónimo de grandeza. La bondad como susurro de sabiduría. Eso quiere gritar, además lo siguiente: sólo somos; una brizna más, perdida entre las tantas; Borges, otra vez.
Igual, por mi parte, bueno será comprender, esta obvia dolencia, resentida para cada ser humano, desfallecido en la guerra alterada. Nomás cuando vamos y miramos la despreciable pelea de Hitler, por la ventana resquebrajada; descubre uno allí, la sola batalla de los espantos, ella, negra y sin muchos fines trascendentales para la regeneración de estas naciones sufrientes en su culpa al hedor de la criminalidad, mal querida. Simplemente nos concertamos allá y enseguida, vemos tristemente concebidos, unos y otras mujeres y muchachos, muriendo incinerados en los rincones de sus cuartuchos despreciados por la misma sociedad arrogante y capitalista. Dicha verdad, tal como es evidenciada por el buen cineasta de la lista de Schindler. Un cinta magistral donde se hace un expresivo alegato sobre la perdida de los derechos humanos. Un grito sobre la dignidad del hombre. Fuera de eso cada niño combatiente, cayendo en el fango de su derrota, nunca entendida para la complejidad de las filosofías. Luego las muchas montañas de cadáveres, desapareciendo lentamente en las afueras lluviosas de Alemania. Ese país con sus visos nazis y con sus pesadumbres destructivas. Así pues que para el antes hubo allí muchas conciencias revertidas y manejadas horriblemente con los discursos subliminales y lindos en su baja apariencia de renacimiento social. Otra barbarie fue ideada enseguida con las palabras de la contradicción. Hubo allí además una lucha sin restricciones en lo más extravagante del desorden y las aberraciones de la carroña social. Es decir una guerra asimétrica en su mayor desborde de crueldad tortuosa. Nada de reglas vista por lo tanto en los dos bandos combatientes. Ni más perdón entre los países vecinos de simple velo poético. Así todo lo humano escaseado cuando eran decapitadas las niñas y los muchachos, ellos, desesperados al saber que no seguirían viviendo más su pobre pesadilla. Eran ellos desintegrados sin misericordia alguna con las bombas arrojadas desde un cielo carbonizado en agónicos lamentos tardíos. También violaban a las mujeres y luego las mataban descaradamente, bajo el rumor de la luna ahogante. Este último concepto viene del Libro negro. Un argumento de Gerard Soeteman.
La sombra del cielo se vistió además en su sola decrepitud, más sucia que el infierno alegórico de la Divina comedia. Una bella obra del pobre Dante Alighieri, un espíritu de los pocos que hubo bien predispuestos en las dulzuras del arte. Pero bueno. Nada de luces celestiales. Sólo las luces de bengala pidiendo más cadáveres bajo las noches mugrientas de esta segunda guerra mundial. Y mientras tanto, Adolfo Hitler, lleno de interés por sus metralletas y demás estrategias; mal procuradas entre los lados del silencio embotado y marchitado. Una sin razón de caídas en su máxima expresión tratando de procurar un mundo renovado que nunca existirá desde su tormenta, poco creativa. Obviamente, no había en esta rebajada dictadura, ningún fundamento de regeneración cultura, igual, ninguna sabiduría en toda esta hecatombe mundial. Eso está encendidamente claro en muchas conciencias.
Ahora bien, por los otros lados, donde recuerdo infinidad de bombas y otros pedazos de soldados volando por el aire, entreveo como hubo allí, igualmente, otro sentimiento insignificante, perdido en su traidora bajeza, esta traición propia, predispuesta siempre hacia la ambición de un mundo suyo. Un mundo imaginado para sí solo. Pero esta utopía sin ninguna añoranza por hacerse realidad lógicamente. Por eso fue acabado justamente, sin nada entre las manos, sin nada entre su corazón de cuervo. Así que ya ni los demonios mismos se le acercan por su triste vergüenza. Y es claro. Mira uno nomás. La destrucción de otras razas que no fueran arias. La negación de otras religiones ajenas a su concepción ideológica. El odioso veneno salido de su boca encausado a la no aceptación de diferencias en costumbres y demás creencias propias a la sexualidad. Ello es ajeno al bien común y al respeto por mi semejante. De eso no hay dudas; por lo cual, vino a verse aquí en la tierra, una sola represión y depresión en su dictadura, ella, umbría y pesimista. Demás estaría la recesión de alimentos, la angustia de los pueblos, ante el terror de la matanza; las caídas de progreso esencial y habitual, retenidas por la misma creación de la guerra, sin sentido en su más mísera confusión. Ser más tolerantes y más altruistas en vez de hacernos violentos y bestias otra vez, podría ser la verdadera solución.
Sobre mi país colombiano, resultaría de esta crueldad ajena, otro poco de enfermos nazis, pero ellos, sin mucho sentido de batalla, una batalla que nunca supieron hacer con las armas y sin las armas. Poco conocimiento sobre el problema ético y moral. Más en las altas cortes del estado, ellos, terminaban ya como unos ínfimos leprosos del desprecio humano. Ellos entrevistos como una sola lechona trasnochada. Ella lista para la quema de sus voces groseras. Así entonces toda esta reincidente colonia; resultaría como la arrastrada de siempre, ante los arremetimientos extranjeros; igualmente, colombianos, somos poco importantes para esta inmensa aldea de variadas potencias industriales. Más que nada por el atraso social y este futuro de retraso para los otros supuestos, importantes de la lucha mundial y regeneradora. Nada de nada en este pequeño palacio de sueños enloquecidos. Las listas negras en todos lados. Y el hombre aún destruido por su viva ignorancia; durante y después del hundimiento alargado, tenebroso de las batallas, que no queremos comprender, ni acabar antes de que principiaran negramente. Igual. Hubo otro día de extravío y otra noche más pobre en amor verdadero. Ausencia a sí mismos, sobre el antes, mal entendido entre las razas hermanas que somos. Porque es así. Somos entre todos una gran aldea de vida y no de horrendas muertes. Porque somos esencialmente hermanos entre todos los demás y porque no somos los enemigos del ayer, ni del mañana que no queremos frecuentar en esta pesadumbre persistente, ante las malas culminaciones de seguir destruyéndonos con los pensamientos, transfiguradores. Pues es aquí, entre las muchas ideas, como vamos y materializamos, tanto el bien como el mal exterior, ideas, salidas del alma individual, ya sea oscura o luminosa, ellas, según sus procederes por sobre la vastedad del universo, tanto el propio como el ajeno.
A la hora, será bueno entonces, engendrar tres mil mariposas blancas, parecidas en forma a las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez. Ellas ya muy llenas de esperanza. Ellas queriendo volar en paz, sobre los otros oprimidos y sobre los callejeros de las ciudades olvidadas y perdidas. Las maracas de los músicos legendarios resonando mientras tanto en bellos coros de ansia espiritual. Luego un vida pintada de luz en los sueños del niño que despertó, cuando el dinosaurio, nunca estuvo allí. Así que este chiquillo se levantó de cama y enseguida comprendió al dinosaurio, sabido como un solo espejismo, mal ideado en otros tiempos de sus raras pesadillas. Después ando con su alma libre por el cuarto hasta cuando se tropezó con la ventana de al lado. Estaba cerrada. La abrió cuidadosamente. Al final, pues pudo volar, dejando atrás su cuerpo de infante que le molestaba. Eso reflotó libre entre el espacio como el fantasma de un cuento de navidad. Y aquí, este niño, fue viendo ante sí, ya un día sin noche hasta el fin de su inmortalidad. Una inmortalidad adentro de una eternidad en su propia esencia bondadosa. Y ahora el secreto suyo entre las manos de este, humilde artista, solamente intranquilo.
Rusvelt...
no importa su duración
sino lo bien que se ha interpretado.
Anónimo
La balada de la guerra siempre viene pintada de negro, tras estos muchos homicidios y tras esos y tantos genocidios; mal engendrados por el hombre primitivo en su pequeña estancia de sufrimientos existenciales. Unas muertes desbocadas además en cualquier recodo de las ciudades derruidas donde aún se mora en cada desconsuelo del pasado que mal fue hecho con las manos; saturadas en espinas cortantes. Estas angustias pues de otros pasados no despertados por el momento en las memorias rotas y desmoralizadas de cada criminal enceguecido por la fascinación al poder exacerbado. Así que allí en las afueras del viento y bajo la lluvia del invierno infinito, aparecen entonces desvestidos, los gritos de horror en los muchos mutilados de la vida injusta. Estos inocentes de siempre son por tanto desaparecidos sin respeto alguno por los seres malvados de las sombras, los espíritus del mal. Los desconocidos, son desprendidos asimismo de sus brazos y sus cabezas rebajadas, hacia este hedor de la muerte que ya viene horrorosamente hacia sus rostros descalabrados. Los vemos ahora suciamente explotados con bombas restallantes y demás minas quiebra patas, unas minas, quiebra dorsos humanos, minas incluso para destruir negritos pobres, ellos, sin mucha ropa que ponerse a la luz del sol rojizo. Eso los presiente uno volando por los aires lacrimosos. Decae por lo cual la dignidad del hombre en un abismo errante de inferioridad razonada y espiritual. El frio de la oscuridad burlándose en los sufrimientos de los inocentes. Luego develamos aquí otra vez todo un cuadro fantasmal y tenebroso que no parece ser de estos otros tiempos supuestamente modernos para esta generación dizque de progreso vanguardista. Al contrario del ayer vamos entre estos días umbríos es para otro laberinto perdido de más ayer y más atraso social volcado profundamente hacia la locura de una sola ambición y una retrasada crisis de desorden mental en los pensamientos psicóticos, por parte de los enfermizos criminales, los políticos encerrados en su fascinación materialista. De hecho nos sabemos casi sin puertas de esperanza entre los unos y los otros seres semejantes al desamor de los tantos que somos en cada sendero enceguecido, sólo tuyo y sólo mío, entre este nuevo destino incomprendido. Y así cada quien solitario y dispuesto al sinsabor de su mirada perdida, junto a la ventana de los tiempos violentos, uno tristemente en su andar, sin por lo menos algún cielo espejado, paseándose por entre las almas oprimidas de la ceguera, una ceguera que nos nubla al otro lado de los espejos, más diáfanos y menos ensombrecidos al mal. Quizá una lucidez sobre la ceguera como esta de Saramago. Eso es todo lo que presenciamos y agonizamos ahora espantosamente. Además estamos ya hasta indiferentes del otro amanecer que ni siquiera esperamos cuidadosamente por sobre nuestra estadía de horror, bien correspondida, tras su letargo esencial. La madrugada ensordecida prosigue entonces su trasegar vertiginoso, sin mucha reminiscencia bien esperada al perdón no pedido, ni limpiado con las peticiones benévolas de los culpables. Las cárceles de la memoria, resultan pues como una debida razón, rellenadas en viejas visiones a su paso por los días imperfectos, que aún no sabemos vivir.
Así que el resto del crepúsculo es igual; porque aquí en mi Colombia, nadie trata de quererse entre las cuidadosas amistades de quienes habitan estos antiguos barrios de fique y cañabrava, bien labrados a punta de esfuerzo cultural. Dichas residencias aparentemente descolonizadas tras su verdadera recuperación libertaria, comprendida con la misma guerra, pero esta procurada, solamente por una lucha social y forzosa para el bien de mi pueblo ensangrentado. Suponer pese a todo el odio entre las muchas familias congregadas; será siempre una buena realidad para este pedazo de mundo inundado de barbarie y calamidades. Ahogado en su miseria extravagante. Una miseria sin escrúpulos ni vergüenza en casi todos lados. Incluso los niños se nos mueren de hambre casi todos los días. Por tanto, viene la venganza otra vez al pensamiento en todos los amigos y demás conocidos del otro lado, resurgente en angustia. Sucede además este teatro aparente muy similarmente como en la historia de Metzengerstein. Es una obra universal del maestro literario Edgar Allan Poe. Pasan enseguida las horas y las épocas clásicas a través de cada rostro padecido entre las letras fugaces del entendimiento. Vuelve igualmente cada quien a su lugar inesperado de la otra historia. Y desde luego todos nosotros entrevistos allí en los viejos protagonistas de esta inmensa obra del sinfín no comprendido. Así pues es como nos vemos revividos en cada personaje curiosamente, pero siempre, idos hacia un inacabado abismo de trasluz, ella, resquebrajada sobre las escenas del supuesto futuro, cuyo vacio parece ser idéntico al pasado clásico, mal vivido en muchos de los artistas de la vida. Este sencillo esbozo quiere mostrar, por otra parte, una infinita continuidad en la existencia del hombre cargado de culpas en sus muchas concreciones vivenciales. Sólo manchas negras en su cuerpo derrotado y enfermizo. Eso quiere decir; también, nada de principio y nada de fin en la historia del viejo eslabón perdido. Sólo unas repeticiones de muchas experiencias entre los primates sobrevivientes a la razón premeditada; pero claro está, hay al mismo tiempo, muchos instantes, representados en diferentes espacios presenciales para estas almas inmortales. Es algo así como una flor amarilla de Julio Cortázar. Relato magistral del fantástico escritor Argentino. Significar también una puerta abierta al umbral torrencial que hay al otro lado del silencio.
Ahora bien, aparte de este símil comparativo, nos vamos yendo en su momento, hacia algún abismo envolvente, precisado en el más allá develado de los últimos vestigios de esta humanidad culposa. Arribamos aquí ya sobre este lóbrego espacio evolutivo. Vemos después como aparecen lentamente; las bestias horripilantes y peludas del antes que fuimos por sobre esta esfera primaveral y montañosa. Ellas atrasadas con sus hachas y martillos de piedra. Peleas entre unas razas y otras. Desaparición de las más atrasadas y supervivencia en las más intelectuales. A continuación pues habrá que gritarlo obviamente. Es cierto que hemos mejorado beneficiosamente en este progresivo suceder de los siglos perecederos, pero pese a todas las inclemencias salvajes, no dejamos de ser los idénticos primates de siempre, colgándonos en los palos, sin mucha esperanza, ante las montañas frondosas; por lo tanto, sólo habrá transformación en cada hombre, hasta cuando alejemos la terquedad viciada de matar por matar, al otro semejante con los cuchillos y las metralletas, una creación simplemente nuestra; igual; sólo prosperaremos universalmente, hasta cuando saquemos de sí mismos, los vicios propios y arraigados, ellos, aberrantes y decadentes, para las almas decaídas. Esos de humillar y pisotear al más atrasado con las cadenas y los grilletes del mal; simplemente porque dizque así lo queremos. En realidad pues nos sabemos aquí lógicamente perdidos, tras cada fascinación persistente de ser más poderosos, ante los verdaderos inocentes; eso sí, sólo grandes en las alucinaciones de estas invenciones errantes, sólo propias y trastocadas. Luego entonces, vuelven las verdades de la moral y así los reglamentos, terminan apagando estos irracionales supuestos del poder individualista. Allí donde hay una gran mentira en ideas posesivas, ellas, ni siquiera soportadas por los propios creadores humanos, resueltamente equivocados en sus actos y sus pensamientos atroces de escalabrar cabezas y reventar las bocas, limpias y pulcras, sea cuales fueran. Estos asesinos vienen quedando enseguida desvestidos como esas hienas que son realmente en su propio odio. Así que todas estas creaciones deprimentes en vez de enaltecernos en compañía de la furia, nos van es embotando más y más, hacia los pozos execrables de una muerte destruida; aún evocada en este lugar expiatorio de la tierra, donde no lo pasamos presos y sin muchas miras de luz eterna; simplemente soñando los ángeles, no mugrientos, ni ennegrecidos en los sentimientos del odio solitario, que ya no tienen. Eso quiere resumir, por otra parte; tomar la humildad en las manos, entender la humildad como sinónimo de grandeza. La bondad como susurro de sabiduría. Eso quiere gritar, además lo siguiente: sólo somos; una brizna más, perdida entre las tantas; Borges, otra vez.
Igual, por mi parte, bueno será comprender, esta obvia dolencia, resentida para cada ser humano, desfallecido en la guerra alterada. Nomás cuando vamos y miramos la despreciable pelea de Hitler, por la ventana resquebrajada; descubre uno allí, la sola batalla de los espantos, ella, negra y sin muchos fines trascendentales para la regeneración de estas naciones sufrientes en su culpa al hedor de la criminalidad, mal querida. Simplemente nos concertamos allá y enseguida, vemos tristemente concebidos, unos y otras mujeres y muchachos, muriendo incinerados en los rincones de sus cuartuchos despreciados por la misma sociedad arrogante y capitalista. Dicha verdad, tal como es evidenciada por el buen cineasta de la lista de Schindler. Un cinta magistral donde se hace un expresivo alegato sobre la perdida de los derechos humanos. Un grito sobre la dignidad del hombre. Fuera de eso cada niño combatiente, cayendo en el fango de su derrota, nunca entendida para la complejidad de las filosofías. Luego las muchas montañas de cadáveres, desapareciendo lentamente en las afueras lluviosas de Alemania. Ese país con sus visos nazis y con sus pesadumbres destructivas. Así pues que para el antes hubo allí muchas conciencias revertidas y manejadas horriblemente con los discursos subliminales y lindos en su baja apariencia de renacimiento social. Otra barbarie fue ideada enseguida con las palabras de la contradicción. Hubo allí además una lucha sin restricciones en lo más extravagante del desorden y las aberraciones de la carroña social. Es decir una guerra asimétrica en su mayor desborde de crueldad tortuosa. Nada de reglas vista por lo tanto en los dos bandos combatientes. Ni más perdón entre los países vecinos de simple velo poético. Así todo lo humano escaseado cuando eran decapitadas las niñas y los muchachos, ellos, desesperados al saber que no seguirían viviendo más su pobre pesadilla. Eran ellos desintegrados sin misericordia alguna con las bombas arrojadas desde un cielo carbonizado en agónicos lamentos tardíos. También violaban a las mujeres y luego las mataban descaradamente, bajo el rumor de la luna ahogante. Este último concepto viene del Libro negro. Un argumento de Gerard Soeteman.
La sombra del cielo se vistió además en su sola decrepitud, más sucia que el infierno alegórico de la Divina comedia. Una bella obra del pobre Dante Alighieri, un espíritu de los pocos que hubo bien predispuestos en las dulzuras del arte. Pero bueno. Nada de luces celestiales. Sólo las luces de bengala pidiendo más cadáveres bajo las noches mugrientas de esta segunda guerra mundial. Y mientras tanto, Adolfo Hitler, lleno de interés por sus metralletas y demás estrategias; mal procuradas entre los lados del silencio embotado y marchitado. Una sin razón de caídas en su máxima expresión tratando de procurar un mundo renovado que nunca existirá desde su tormenta, poco creativa. Obviamente, no había en esta rebajada dictadura, ningún fundamento de regeneración cultura, igual, ninguna sabiduría en toda esta hecatombe mundial. Eso está encendidamente claro en muchas conciencias.
Ahora bien, por los otros lados, donde recuerdo infinidad de bombas y otros pedazos de soldados volando por el aire, entreveo como hubo allí, igualmente, otro sentimiento insignificante, perdido en su traidora bajeza, esta traición propia, predispuesta siempre hacia la ambición de un mundo suyo. Un mundo imaginado para sí solo. Pero esta utopía sin ninguna añoranza por hacerse realidad lógicamente. Por eso fue acabado justamente, sin nada entre las manos, sin nada entre su corazón de cuervo. Así que ya ni los demonios mismos se le acercan por su triste vergüenza. Y es claro. Mira uno nomás. La destrucción de otras razas que no fueran arias. La negación de otras religiones ajenas a su concepción ideológica. El odioso veneno salido de su boca encausado a la no aceptación de diferencias en costumbres y demás creencias propias a la sexualidad. Ello es ajeno al bien común y al respeto por mi semejante. De eso no hay dudas; por lo cual, vino a verse aquí en la tierra, una sola represión y depresión en su dictadura, ella, umbría y pesimista. Demás estaría la recesión de alimentos, la angustia de los pueblos, ante el terror de la matanza; las caídas de progreso esencial y habitual, retenidas por la misma creación de la guerra, sin sentido en su más mísera confusión. Ser más tolerantes y más altruistas en vez de hacernos violentos y bestias otra vez, podría ser la verdadera solución.
Sobre mi país colombiano, resultaría de esta crueldad ajena, otro poco de enfermos nazis, pero ellos, sin mucho sentido de batalla, una batalla que nunca supieron hacer con las armas y sin las armas. Poco conocimiento sobre el problema ético y moral. Más en las altas cortes del estado, ellos, terminaban ya como unos ínfimos leprosos del desprecio humano. Ellos entrevistos como una sola lechona trasnochada. Ella lista para la quema de sus voces groseras. Así entonces toda esta reincidente colonia; resultaría como la arrastrada de siempre, ante los arremetimientos extranjeros; igualmente, colombianos, somos poco importantes para esta inmensa aldea de variadas potencias industriales. Más que nada por el atraso social y este futuro de retraso para los otros supuestos, importantes de la lucha mundial y regeneradora. Nada de nada en este pequeño palacio de sueños enloquecidos. Las listas negras en todos lados. Y el hombre aún destruido por su viva ignorancia; durante y después del hundimiento alargado, tenebroso de las batallas, que no queremos comprender, ni acabar antes de que principiaran negramente. Igual. Hubo otro día de extravío y otra noche más pobre en amor verdadero. Ausencia a sí mismos, sobre el antes, mal entendido entre las razas hermanas que somos. Porque es así. Somos entre todos una gran aldea de vida y no de horrendas muertes. Porque somos esencialmente hermanos entre todos los demás y porque no somos los enemigos del ayer, ni del mañana que no queremos frecuentar en esta pesadumbre persistente, ante las malas culminaciones de seguir destruyéndonos con los pensamientos, transfiguradores. Pues es aquí, entre las muchas ideas, como vamos y materializamos, tanto el bien como el mal exterior, ideas, salidas del alma individual, ya sea oscura o luminosa, ellas, según sus procederes por sobre la vastedad del universo, tanto el propio como el ajeno.
A la hora, será bueno entonces, engendrar tres mil mariposas blancas, parecidas en forma a las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez. Ellas ya muy llenas de esperanza. Ellas queriendo volar en paz, sobre los otros oprimidos y sobre los callejeros de las ciudades olvidadas y perdidas. Las maracas de los músicos legendarios resonando mientras tanto en bellos coros de ansia espiritual. Luego un vida pintada de luz en los sueños del niño que despertó, cuando el dinosaurio, nunca estuvo allí. Así que este chiquillo se levantó de cama y enseguida comprendió al dinosaurio, sabido como un solo espejismo, mal ideado en otros tiempos de sus raras pesadillas. Después ando con su alma libre por el cuarto hasta cuando se tropezó con la ventana de al lado. Estaba cerrada. La abrió cuidadosamente. Al final, pues pudo volar, dejando atrás su cuerpo de infante que le molestaba. Eso reflotó libre entre el espacio como el fantasma de un cuento de navidad. Y aquí, este niño, fue viendo ante sí, ya un día sin noche hasta el fin de su inmortalidad. Una inmortalidad adentro de una eternidad en su propia esencia bondadosa. Y ahora el secreto suyo entre las manos de este, humilde artista, solamente intranquilo.
Rusvelt...
domingo, 4 de abril de 2010
LA RULETA DEL PURGATORIO
La libertad no puede ser fecunda para los pueblos
que tienen la frente manchada de sangre.
Víctor Hugo
La intensa noche de lluvias ensangrentadas, aún prosigue su curso, aún concurre en la ausencia del acentuado fin culminante, por tanto, esta presunta oscuridad resentida, no se quiere acabar para los hombres, quienes se lo pasan viviendo entre ella, quienes aún andan pisando la criminalidad y la persistente indecencia de destrozar los cuerpos de sus semejantes. Así que ahora, mientras cruzo los pensamientos del latente presente, siento razonable empezar por relatar, algún lejano amanecer de sucinto insomnio, siempre elaborado por el tejido memorable de la inacabada violencia, quizá una pesarosa violencia paseándose a su antojo por las calles, las residencias y las selvas de los lamentos, gritando luego entonces por los cerros y los desfiladeros de esta Latinoamérica, otra vez, desconsolada para su silencio persistente, otra vez, saturada de tapujos deprimentes, tras el desboque impensado del desplazamiento y la residente hambruna que ya se va regando como un rompiente mar de lodo y desgracia sobre nuestros ojos desorbitados.
Asimismo, hay pues para esta gran complejidad de vidas rotas, una alterada guerra de poderes, siempre residente a su forma en lo redondo del mundo, donde bien es cierto, decir, no se sabe hasta cuando cese este homicidio de verdades lacrimosas, cierto, quien sabe hasta cuando se acabarán las muertes siniestras, junto con el enterramiento de las malas acciones, ellas, gestadas con las manos y las mentes culpables, obviamente porque es allí, entre la virtuosa conciencia, donde renacen las indecibles pesadillas o las inspirada fantasía de la bondad, que ya vamos procurando lentamente y de vez en cuando. Desde luego hay una verdad que vamos avizorando ansiosamente, entre todos y cada uno de nosotros, como cuidadosos habitantes de sentido analítico, habitantes del explícito saber, donde vamos y nos cruzamos a diario por esta irresuelta aldea global de lenta evolución preciada para el beneficio de todos.
Pero bueno. Sí o no. Es trasparente toda esta poca gracia que aún tiene nuestra esfera terrestre. Por lo tanto hay que develar lo que se piensa a las otras entidades pensantes, similares en igualdad, pero ellas, algo indiferentes al amor por las letras. Así que en este momento, no sería malo evocar, nuestro empobrecimiento social y cultural del país, además, entre otras sabiendas de vergüenza, será también bueno, manifestar los inacabados genocidios que se hicieron a los campesinos durante la acrecentada violencia, otra vez, muy persistente para nuestra Colombia del hoy y del ayer, quien sigue con sus víctimas todos los días y todas las noches. Ya enunciaba entonces Andrés Caicedo en alguna de sus obras; el horror es para mí un lugar común. Luego hubo de quitarse la vida con unas pastillas donde fue sufriendo mucho más que su mismo encarcelamiento cuando estaba en su cuerpo enflaquecido. Se perdió a su resultado un literato de significancia social y proletaria. Lo perdimos entre la vaga muerte de este purgatorio. Para mí cada vez más escandaloso. Otro aporte sobre la violencia y el secuestro, sería algún conocido relato que trata, Jorge Eliecer Pardo, Escritor del Líbano, habla sobre las masacres, ejecutadas a los desaparecidos; ellos, entonces, los sin nombres, sin rostros, ni rastro. Y ellos retirados bajo el cementerio que no existe. Así que sólo como abre bocas ya no se dice por aquí en mi tierra; muy buenos días, compadre, como amaneció, ahora es todo lo contrario, terminas pronunciando; ole, hermano, uy, que milagro, ¿amaneció? Dios mío, pero sí es cierto, amaneció, bueno, por lo menos, hoy sí estamos muy de buenas ambos, no.
Ya para los otros tiempos, que no acaban de ser andados, bajo el mismo cause ennegrecido de terror, vemos aquí al desorganizado país de mi patria boba, siempre resquebrajado como un espejo oscuro y otra vez agónico para su acentuada decadencia, presentida, ante la reiterada ferocidad del capitalismo y el ansioso poder individualista. Simplemente saturados por las muchas conciencias recurrentes en la vida, presenciada, sin más que este otro mercantilismo posesivo y el desbordado materialismo ansioso. Luego estaría ese reiterado consumo de medios vistos a diario en la televisión y el internet donde las firmas de los ricos van ofreciendo ya otros estilos tendenciosos de poco erguimiento intelectual y racional. Así que por el otro lado de la luz, hay mucha indiferencia de propiedad moralista, entregada ante los otros seres semejantes, ellos, mal librados en este nuevo despertar de la misericordia. Esto quiere decir además que hay apenas unos pocos hombres de buenos puestos, bien refinados y acomodados con sus corbatas y sus trajes, manejando la memoria del pueblo oprimido, un pueblo sin memoria, como Funes el desmemoriado, quien se sabe entre la miseria de tragar aire y morirse de a poco o solamente irse de esclavo como uno más y de los tantos que se van a lustrar las botas de los capitalistas industrializados.
Además es cierto lo siguiente, pasa este hecho, porque no hay más alternativas sobre quehacer alrededor. Así que siempre vamos y nos encontramos inmersos bajo una colonización de nunca acabar. No es así. Mira nomás. Antes eran los españoles con sus látigos y su explotación a los negros y los indios en las minas y en las haciendas de los potentados. Que miseria tan desarraigada. Para que ocultarlo. Ahora pues, como otro trasluz persistente y resonante, vemos este nada más, que vivir sin algún destino bien trazado, sólo vivir sin un sentido esencial, andar escasamente como simples entes viciados en función de una sucursal extranjera, morirse con los horarios pesarosos, casi sin uno darse cuenta, quizá también, como última opción, ponerse a vender en las calles y los locales, estos otros productos traídos dizque del antiguo mundo.
Pero que bien. Recuerdo al Funes de Borges otra vez porque ha revivido para no ser ya olvidado nunca más. Aquí entonces se ha vuelto memorioso hasta siempre. Es claro que el pueblo deja las cosas atrás y sin embargo no deber ser así. Hay es que pensar con detalle. Hay que devolvernos al recuerdo sagrado. De lo contrario nos veremos obligados a repetir la historia que nos precedieron y dejaron los ancestros. Igualmente el relato habla de que cuando se está bajo la singularidad del insomnio es cuando vuelven a los hombres las impresiones de su pasado más hondamente. Y sí. Ya decía Borges en su libro de ficciones que el recuerdo es una evocación anterior en estado presente. Quiere decir que cuando se vuelve a dicha memoria se hace presente otra vez por medio del pensamiento y la intuición del alma, oscura o luminosa, alma que sí existe, al menos de una forma etérea, por lo cual, allí mismo, van siendo emanados, más que nada, los sentimientos de nosotros constantemente. Bueno. Sí. Pero que es esto reconocido como alma. Pues muy sencillo. No ves. Tal y como lo dice Kardec en su libro de los espíritus. Son los seres inteligentes de la creación. Pueblan el universo fuera del mundo material. Eso quiere decir que somos nosotros mismos. Por lo demás ha de ser entendido que somos almas inmortales. Eso sí. Claro está. No viene a tratar temas de teología. De lo contrario hubiera tratado los relatos de Borges, tanto los teólogos y como el inmortal.
Por mi parte, sólo quiero dar una pequeña referencia sobre lo mucho que somos y de lo cual nos olvidamos de vez en cuando. Quiere decir esto que hemos resistido muchas existencias hacia el ayer y que, pese a todo, aún nos faltan muchas experiencias y épocas por vivir hacia el después, para así, mejorar en la relación con todo lo que nos corresponde.
Ya retornando al silencio de la noche, vemos en nuestra Colombia, mucha gente, escasa de intelecto cultural y sin gran elucidación crítica. Eso parece estar ausente entre ellos mismos. Asimismo concebimos demasiados jóvenes extraviados sobre el quehacer por sobre los días del mañana. Hay en la mayoría de ellos muy poco discernimiento de corte pragmático en sus interioridades espirituales hacia el siguiente paso de progreso existencialista, tanto individual como de forma colectiva. Pues ante todo somos una sola telaraña de procederes encadenados en sociedad. Igual. Tuvo que mostrarse, Jean Paul Sartre, ante el mundo, para manifestar esta esencial idea: El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo. Eso sí. Todo no es color de solas rosas blancas y rojas. Más porque esta en sí, este otro lado del espejo, la maldad y el odio de los individuos, una maldad, erradamente gestada por la misma ignorancia egocéntrica y déspota, estancada, en ellos.
Así que en este mismo país de luchas y sufrimientos, si hay, por ahí, entre toda la orbe de seres humanos, esclavizados y acallados a las malas, algún resurgimiento de por lo menos cierto hombre filosófico y trasformador, quien vaya y se levante para gritar las verdades derrotadas de su patria, si hay además cierto orador veraz, quien se muestre quizá como otra forma de mirada social, vienen entonces, aquí, los del otro movimiento, ellos, los del sentimiento impositor y frívolo, luego, se le acercan con sospecha y ya lo van dejando sin rastro por la vida, sin sangre corriendo por sus venas, tras el propio resultado de la furia mal fraguada. Desde luego queda también sin más voz de libertad enfrente de la multitud amada. Que desgracia ver la sangre a cada rato enfrente de la misma historia. Esto nomás lo vemos simplemente en el caso de Jorge Eliecer Gaitán. Hombre elocuente, muerto en el reiterado abril de 1948. Lástima sentir caer un ser de tanta propiedad racional para el beneficio de los mal librados. Y sí. Me gustaba soñar sus esperanzas, cuando decía vivamente en el fervor sus muchos discursos políticos: Yo no soy un hombre, soy el pueblo. El pueblo es superior a sus dirigentes. Estos aforismos dichos por el bien de todos.
Así pues, una realidad más bien acentuada, para recrear a su manera, un país de otros sentimientos y otras ilusiones, un país más igualitario, donde no lo pasamos, verlo ya sin más indiferencia y ambiciones particulares. No sé muy bien. Pensar más en los otros tristes. Sabernos en los otros pobres como si fuéramos nosotros mismos de algún modo. Pero bueno. Aún hay suficiente humanismo ni suficiente espiritualismo por el momento. Así que Este otro hombre de bondad asesinado al frente de su propia gente. Que cobardía y falta de simpleza, sobre la razón general.
Ahora bien, vuelvo aquí, hacia los latentes ayeres de tiempo ancestrales, precisamente cuando usábamos taparrabos y narigueras en el cuerpo mestizo, llegaron entonces, algún día cualquiera, estos españoles viciados y llenos de pestes negras. Se acercaron a los indios con sus armaduras plateadas. Luego fueron pisando estas tierras ajenas para sus ojos de asombro y para su gran desconcierto sentimental. Cruzaron a su manera los bosques inhóspitos de otras tierras santas. Hubieron de toparse con otros loros desconocidos y con los leopardos veloces entre la espesura de las ceibas. El murmullo de los monos rubios mientras tanto resonando exuberante en la gran selva vivía. Inspeccionaron al mismo momento todo lo que vieron a su alcance. Fueron arrojando ya sus pocas porquerías por el suelo. Se toparon enseguida con lindas mulatas de cabellos negros. No fue Pocahontas la mujer imaginativa de esta película americana. Fue más bien la hermosa chibcha de senos desnudos quien por ese entonces amantaba a su retoño de tres añitos. Ella en un cántaro edénico junto con otra mujer y bajo la sombra de los árboles primaverales. Los navegantes y muchos piratas de poca monta que iban hace un rato, montados por allí en los barcos, descubrieron esta belleza por fin, para su propia parte, así que ellos, pues en compañía de Cristóbal Colón, quisieron desnudarse también y sin embargo se contuvieron al rato. Fue su miedo al simple pudor. Esta curiosa chibcha además de ser sensual fue muy conocida ahora como América Latina. Mi América del sur, ella, ruborizada y coqueta en su misma belleza natural de flores orquídeas y labiales, bañada entre el suave rumor de la lluvia en rocío, proveniente de los cerros andinos y del norte fulgurante.
Igualmente, estos extraños intrusos, transcurridos apenas unos escasos años, fueron mostrando su poderío de guerra español y enseguida tomaron como propiedad suya, las muchas riquezas indígenas. Este hurto lo hicieron muy tranquilamente. Más que nada haciendo un simple trueque, entre espejos y demás baratijas, que llevaban de ellos, tras la posesión de sortijas, cadenas de oro y otras figuras ancestrales, para nosotros de gran importancia religiosa.
Al rato de las noches torrenciales acabaron pues casi con todo lo bueno que había. Hasta las mujeres más atractivas se las llevaron. Esto lo recuerdo del cine histórico. Nos dejaron escasamente las pestes y las lepras suyas. Eso sí. Dejaron aquí sus enfermedades como una plaga más para estos pobres indios de mi recuerdo. En fin. Nada de canela para ellos. Nada de riqueza espiritual en sus cabezas de pera. Igual. Ya para su mismo descaro altanero, terminamos como otros, indios más, pero esta vez, esclavizados, labrando para ellos, unas tierras que eran propias. En fin. Que ironía es la vida. No. Mis indios a la vez sumisos bajo el mandato de la supuesta, muy grande religión católica, para esta otras parte de España, obviamente, nada de respeto a las otras creencias. De hecho, cualquier ser humano de cabello totumo, que se resistiera a los reglamentos; cierto y claro, lo iban matando como si este fuera un perro de monte, como si este ser de amor, fuera un satanás de la biblia. Igual estará una bella frase de por ahí, muy oportuna, ella expresada así; La sociedad medieval se vio manipulada en su mayor mediad por; la iglesia. Aquí estaría entonces, claramente expresada la creencia religiosa de arremetedora imposición. Más porque hacia esos días pasados sólo nuestros, hubo soldados de la corona española, por su parte, allá mismo, quienes iban y le reventaban la cara a los pobres indios, sin la menor reserva. Luego pues quien sabe si hasta se los tragaban estos seres dizque civilizados en medio de su jolgorio impositor. Que miseria puede ser entonces el hombre que mata al hombre, por medio de la espada, claro, sin haber otra espada a su contra defensa.
En este momento dejo este largo pasado atrás. Ahora me voy, pues, hacia otro el lado del tiempo, un lado más lejos del espacio, esta vez, rodeado entre criollos y liberalitas, al fin, cuando apareció sobre la bella magia efusiva, un gentil grito de independencia. Ante este respetado alboroto, tras los otros días, la fantástica noche septembrina. Resuena a su rato Bolívar en las bocas de los hombres, que se quitan las cadenas de los pies. Sale del mismo fuego creador, un imperante libertador, él, intocable para esta humanidad de renovado orden. Es pues el primer presidente de Colombia y el único bueno que ha tenido. Además, dispuesto general y batallador, un luchador de las mil guerras y quebrantos, no rocín flaco, pero sí, una lanza al desgarradero, más gallardo y escudero que un pobre ternero. Bolívar fue entonces él, un gran seguidor del bien. Bueno. Estará después, asimismo, la batalla de Boyacá bien librada, entre muchas trompetas y disparos al sumiso corredor. Sangre a su motivo bajo las caídas de caballos y los cadáveres de bocas abiertas y ya con algo de moscas entre los brazos. Y Dios mío, sí, que viva, que viva, hasta siempre, la libertad y la paz de mi pueblo.
Finalmente, luego de sentir y presenciar esta lejana guerra, muy necesaria para la independencia de los criollos, mulatos y zambos, alrededor del país que nos asombra, tuvimos enseguida, para los otros años, que vernos inmersos en otra guerra, mal sabida y mal entendida, ella, fraguada ya bajo la completa independencia, fue en sí, una sola batalla civil, muy mal conocida en su derrota como; La guerra de los mil días. Una lucha de nunca acabar entre los liberales y los conservadores. Aquí hubo pues un crepúsculo de sangre más que en ninguna otra parte. Solos entre las hondas tinieblas del horror. Así que los tiros iban y venían ya, sin retaguarda alguna, pasando las laderas de Palonegro y Peralonso, luego entonces, las balas acertando de golpe en los cuerpos de los jóvenes y viejos combatientes de cada bando destructor. Al final de los días, cesan a su modo los muchos disparos, porque del alto cielo ceniciento, recordamos ver el sagrado corazón de Jesús.
Rusvelt...
que tienen la frente manchada de sangre.
Víctor Hugo
La intensa noche de lluvias ensangrentadas, aún prosigue su curso, aún concurre en la ausencia del acentuado fin culminante, por tanto, esta presunta oscuridad resentida, no se quiere acabar para los hombres, quienes se lo pasan viviendo entre ella, quienes aún andan pisando la criminalidad y la persistente indecencia de destrozar los cuerpos de sus semejantes. Así que ahora, mientras cruzo los pensamientos del latente presente, siento razonable empezar por relatar, algún lejano amanecer de sucinto insomnio, siempre elaborado por el tejido memorable de la inacabada violencia, quizá una pesarosa violencia paseándose a su antojo por las calles, las residencias y las selvas de los lamentos, gritando luego entonces por los cerros y los desfiladeros de esta Latinoamérica, otra vez, desconsolada para su silencio persistente, otra vez, saturada de tapujos deprimentes, tras el desboque impensado del desplazamiento y la residente hambruna que ya se va regando como un rompiente mar de lodo y desgracia sobre nuestros ojos desorbitados.
Asimismo, hay pues para esta gran complejidad de vidas rotas, una alterada guerra de poderes, siempre residente a su forma en lo redondo del mundo, donde bien es cierto, decir, no se sabe hasta cuando cese este homicidio de verdades lacrimosas, cierto, quien sabe hasta cuando se acabarán las muertes siniestras, junto con el enterramiento de las malas acciones, ellas, gestadas con las manos y las mentes culpables, obviamente porque es allí, entre la virtuosa conciencia, donde renacen las indecibles pesadillas o las inspirada fantasía de la bondad, que ya vamos procurando lentamente y de vez en cuando. Desde luego hay una verdad que vamos avizorando ansiosamente, entre todos y cada uno de nosotros, como cuidadosos habitantes de sentido analítico, habitantes del explícito saber, donde vamos y nos cruzamos a diario por esta irresuelta aldea global de lenta evolución preciada para el beneficio de todos.
Pero bueno. Sí o no. Es trasparente toda esta poca gracia que aún tiene nuestra esfera terrestre. Por lo tanto hay que develar lo que se piensa a las otras entidades pensantes, similares en igualdad, pero ellas, algo indiferentes al amor por las letras. Así que en este momento, no sería malo evocar, nuestro empobrecimiento social y cultural del país, además, entre otras sabiendas de vergüenza, será también bueno, manifestar los inacabados genocidios que se hicieron a los campesinos durante la acrecentada violencia, otra vez, muy persistente para nuestra Colombia del hoy y del ayer, quien sigue con sus víctimas todos los días y todas las noches. Ya enunciaba entonces Andrés Caicedo en alguna de sus obras; el horror es para mí un lugar común. Luego hubo de quitarse la vida con unas pastillas donde fue sufriendo mucho más que su mismo encarcelamiento cuando estaba en su cuerpo enflaquecido. Se perdió a su resultado un literato de significancia social y proletaria. Lo perdimos entre la vaga muerte de este purgatorio. Para mí cada vez más escandaloso. Otro aporte sobre la violencia y el secuestro, sería algún conocido relato que trata, Jorge Eliecer Pardo, Escritor del Líbano, habla sobre las masacres, ejecutadas a los desaparecidos; ellos, entonces, los sin nombres, sin rostros, ni rastro. Y ellos retirados bajo el cementerio que no existe. Así que sólo como abre bocas ya no se dice por aquí en mi tierra; muy buenos días, compadre, como amaneció, ahora es todo lo contrario, terminas pronunciando; ole, hermano, uy, que milagro, ¿amaneció? Dios mío, pero sí es cierto, amaneció, bueno, por lo menos, hoy sí estamos muy de buenas ambos, no.
Ya para los otros tiempos, que no acaban de ser andados, bajo el mismo cause ennegrecido de terror, vemos aquí al desorganizado país de mi patria boba, siempre resquebrajado como un espejo oscuro y otra vez agónico para su acentuada decadencia, presentida, ante la reiterada ferocidad del capitalismo y el ansioso poder individualista. Simplemente saturados por las muchas conciencias recurrentes en la vida, presenciada, sin más que este otro mercantilismo posesivo y el desbordado materialismo ansioso. Luego estaría ese reiterado consumo de medios vistos a diario en la televisión y el internet donde las firmas de los ricos van ofreciendo ya otros estilos tendenciosos de poco erguimiento intelectual y racional. Así que por el otro lado de la luz, hay mucha indiferencia de propiedad moralista, entregada ante los otros seres semejantes, ellos, mal librados en este nuevo despertar de la misericordia. Esto quiere decir además que hay apenas unos pocos hombres de buenos puestos, bien refinados y acomodados con sus corbatas y sus trajes, manejando la memoria del pueblo oprimido, un pueblo sin memoria, como Funes el desmemoriado, quien se sabe entre la miseria de tragar aire y morirse de a poco o solamente irse de esclavo como uno más y de los tantos que se van a lustrar las botas de los capitalistas industrializados.
Además es cierto lo siguiente, pasa este hecho, porque no hay más alternativas sobre quehacer alrededor. Así que siempre vamos y nos encontramos inmersos bajo una colonización de nunca acabar. No es así. Mira nomás. Antes eran los españoles con sus látigos y su explotación a los negros y los indios en las minas y en las haciendas de los potentados. Que miseria tan desarraigada. Para que ocultarlo. Ahora pues, como otro trasluz persistente y resonante, vemos este nada más, que vivir sin algún destino bien trazado, sólo vivir sin un sentido esencial, andar escasamente como simples entes viciados en función de una sucursal extranjera, morirse con los horarios pesarosos, casi sin uno darse cuenta, quizá también, como última opción, ponerse a vender en las calles y los locales, estos otros productos traídos dizque del antiguo mundo.
Pero que bien. Recuerdo al Funes de Borges otra vez porque ha revivido para no ser ya olvidado nunca más. Aquí entonces se ha vuelto memorioso hasta siempre. Es claro que el pueblo deja las cosas atrás y sin embargo no deber ser así. Hay es que pensar con detalle. Hay que devolvernos al recuerdo sagrado. De lo contrario nos veremos obligados a repetir la historia que nos precedieron y dejaron los ancestros. Igualmente el relato habla de que cuando se está bajo la singularidad del insomnio es cuando vuelven a los hombres las impresiones de su pasado más hondamente. Y sí. Ya decía Borges en su libro de ficciones que el recuerdo es una evocación anterior en estado presente. Quiere decir que cuando se vuelve a dicha memoria se hace presente otra vez por medio del pensamiento y la intuición del alma, oscura o luminosa, alma que sí existe, al menos de una forma etérea, por lo cual, allí mismo, van siendo emanados, más que nada, los sentimientos de nosotros constantemente. Bueno. Sí. Pero que es esto reconocido como alma. Pues muy sencillo. No ves. Tal y como lo dice Kardec en su libro de los espíritus. Son los seres inteligentes de la creación. Pueblan el universo fuera del mundo material. Eso quiere decir que somos nosotros mismos. Por lo demás ha de ser entendido que somos almas inmortales. Eso sí. Claro está. No viene a tratar temas de teología. De lo contrario hubiera tratado los relatos de Borges, tanto los teólogos y como el inmortal.
Por mi parte, sólo quiero dar una pequeña referencia sobre lo mucho que somos y de lo cual nos olvidamos de vez en cuando. Quiere decir esto que hemos resistido muchas existencias hacia el ayer y que, pese a todo, aún nos faltan muchas experiencias y épocas por vivir hacia el después, para así, mejorar en la relación con todo lo que nos corresponde.
Ya retornando al silencio de la noche, vemos en nuestra Colombia, mucha gente, escasa de intelecto cultural y sin gran elucidación crítica. Eso parece estar ausente entre ellos mismos. Asimismo concebimos demasiados jóvenes extraviados sobre el quehacer por sobre los días del mañana. Hay en la mayoría de ellos muy poco discernimiento de corte pragmático en sus interioridades espirituales hacia el siguiente paso de progreso existencialista, tanto individual como de forma colectiva. Pues ante todo somos una sola telaraña de procederes encadenados en sociedad. Igual. Tuvo que mostrarse, Jean Paul Sartre, ante el mundo, para manifestar esta esencial idea: El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo. Eso sí. Todo no es color de solas rosas blancas y rojas. Más porque esta en sí, este otro lado del espejo, la maldad y el odio de los individuos, una maldad, erradamente gestada por la misma ignorancia egocéntrica y déspota, estancada, en ellos.
Así que en este mismo país de luchas y sufrimientos, si hay, por ahí, entre toda la orbe de seres humanos, esclavizados y acallados a las malas, algún resurgimiento de por lo menos cierto hombre filosófico y trasformador, quien vaya y se levante para gritar las verdades derrotadas de su patria, si hay además cierto orador veraz, quien se muestre quizá como otra forma de mirada social, vienen entonces, aquí, los del otro movimiento, ellos, los del sentimiento impositor y frívolo, luego, se le acercan con sospecha y ya lo van dejando sin rastro por la vida, sin sangre corriendo por sus venas, tras el propio resultado de la furia mal fraguada. Desde luego queda también sin más voz de libertad enfrente de la multitud amada. Que desgracia ver la sangre a cada rato enfrente de la misma historia. Esto nomás lo vemos simplemente en el caso de Jorge Eliecer Gaitán. Hombre elocuente, muerto en el reiterado abril de 1948. Lástima sentir caer un ser de tanta propiedad racional para el beneficio de los mal librados. Y sí. Me gustaba soñar sus esperanzas, cuando decía vivamente en el fervor sus muchos discursos políticos: Yo no soy un hombre, soy el pueblo. El pueblo es superior a sus dirigentes. Estos aforismos dichos por el bien de todos.
Así pues, una realidad más bien acentuada, para recrear a su manera, un país de otros sentimientos y otras ilusiones, un país más igualitario, donde no lo pasamos, verlo ya sin más indiferencia y ambiciones particulares. No sé muy bien. Pensar más en los otros tristes. Sabernos en los otros pobres como si fuéramos nosotros mismos de algún modo. Pero bueno. Aún hay suficiente humanismo ni suficiente espiritualismo por el momento. Así que Este otro hombre de bondad asesinado al frente de su propia gente. Que cobardía y falta de simpleza, sobre la razón general.
Ahora bien, vuelvo aquí, hacia los latentes ayeres de tiempo ancestrales, precisamente cuando usábamos taparrabos y narigueras en el cuerpo mestizo, llegaron entonces, algún día cualquiera, estos españoles viciados y llenos de pestes negras. Se acercaron a los indios con sus armaduras plateadas. Luego fueron pisando estas tierras ajenas para sus ojos de asombro y para su gran desconcierto sentimental. Cruzaron a su manera los bosques inhóspitos de otras tierras santas. Hubieron de toparse con otros loros desconocidos y con los leopardos veloces entre la espesura de las ceibas. El murmullo de los monos rubios mientras tanto resonando exuberante en la gran selva vivía. Inspeccionaron al mismo momento todo lo que vieron a su alcance. Fueron arrojando ya sus pocas porquerías por el suelo. Se toparon enseguida con lindas mulatas de cabellos negros. No fue Pocahontas la mujer imaginativa de esta película americana. Fue más bien la hermosa chibcha de senos desnudos quien por ese entonces amantaba a su retoño de tres añitos. Ella en un cántaro edénico junto con otra mujer y bajo la sombra de los árboles primaverales. Los navegantes y muchos piratas de poca monta que iban hace un rato, montados por allí en los barcos, descubrieron esta belleza por fin, para su propia parte, así que ellos, pues en compañía de Cristóbal Colón, quisieron desnudarse también y sin embargo se contuvieron al rato. Fue su miedo al simple pudor. Esta curiosa chibcha además de ser sensual fue muy conocida ahora como América Latina. Mi América del sur, ella, ruborizada y coqueta en su misma belleza natural de flores orquídeas y labiales, bañada entre el suave rumor de la lluvia en rocío, proveniente de los cerros andinos y del norte fulgurante.
Igualmente, estos extraños intrusos, transcurridos apenas unos escasos años, fueron mostrando su poderío de guerra español y enseguida tomaron como propiedad suya, las muchas riquezas indígenas. Este hurto lo hicieron muy tranquilamente. Más que nada haciendo un simple trueque, entre espejos y demás baratijas, que llevaban de ellos, tras la posesión de sortijas, cadenas de oro y otras figuras ancestrales, para nosotros de gran importancia religiosa.
Al rato de las noches torrenciales acabaron pues casi con todo lo bueno que había. Hasta las mujeres más atractivas se las llevaron. Esto lo recuerdo del cine histórico. Nos dejaron escasamente las pestes y las lepras suyas. Eso sí. Dejaron aquí sus enfermedades como una plaga más para estos pobres indios de mi recuerdo. En fin. Nada de canela para ellos. Nada de riqueza espiritual en sus cabezas de pera. Igual. Ya para su mismo descaro altanero, terminamos como otros, indios más, pero esta vez, esclavizados, labrando para ellos, unas tierras que eran propias. En fin. Que ironía es la vida. No. Mis indios a la vez sumisos bajo el mandato de la supuesta, muy grande religión católica, para esta otras parte de España, obviamente, nada de respeto a las otras creencias. De hecho, cualquier ser humano de cabello totumo, que se resistiera a los reglamentos; cierto y claro, lo iban matando como si este fuera un perro de monte, como si este ser de amor, fuera un satanás de la biblia. Igual estará una bella frase de por ahí, muy oportuna, ella expresada así; La sociedad medieval se vio manipulada en su mayor mediad por; la iglesia. Aquí estaría entonces, claramente expresada la creencia religiosa de arremetedora imposición. Más porque hacia esos días pasados sólo nuestros, hubo soldados de la corona española, por su parte, allá mismo, quienes iban y le reventaban la cara a los pobres indios, sin la menor reserva. Luego pues quien sabe si hasta se los tragaban estos seres dizque civilizados en medio de su jolgorio impositor. Que miseria puede ser entonces el hombre que mata al hombre, por medio de la espada, claro, sin haber otra espada a su contra defensa.
En este momento dejo este largo pasado atrás. Ahora me voy, pues, hacia otro el lado del tiempo, un lado más lejos del espacio, esta vez, rodeado entre criollos y liberalitas, al fin, cuando apareció sobre la bella magia efusiva, un gentil grito de independencia. Ante este respetado alboroto, tras los otros días, la fantástica noche septembrina. Resuena a su rato Bolívar en las bocas de los hombres, que se quitan las cadenas de los pies. Sale del mismo fuego creador, un imperante libertador, él, intocable para esta humanidad de renovado orden. Es pues el primer presidente de Colombia y el único bueno que ha tenido. Además, dispuesto general y batallador, un luchador de las mil guerras y quebrantos, no rocín flaco, pero sí, una lanza al desgarradero, más gallardo y escudero que un pobre ternero. Bolívar fue entonces él, un gran seguidor del bien. Bueno. Estará después, asimismo, la batalla de Boyacá bien librada, entre muchas trompetas y disparos al sumiso corredor. Sangre a su motivo bajo las caídas de caballos y los cadáveres de bocas abiertas y ya con algo de moscas entre los brazos. Y Dios mío, sí, que viva, que viva, hasta siempre, la libertad y la paz de mi pueblo.
Finalmente, luego de sentir y presenciar esta lejana guerra, muy necesaria para la independencia de los criollos, mulatos y zambos, alrededor del país que nos asombra, tuvimos enseguida, para los otros años, que vernos inmersos en otra guerra, mal sabida y mal entendida, ella, fraguada ya bajo la completa independencia, fue en sí, una sola batalla civil, muy mal conocida en su derrota como; La guerra de los mil días. Una lucha de nunca acabar entre los liberales y los conservadores. Aquí hubo pues un crepúsculo de sangre más que en ninguna otra parte. Solos entre las hondas tinieblas del horror. Así que los tiros iban y venían ya, sin retaguarda alguna, pasando las laderas de Palonegro y Peralonso, luego entonces, las balas acertando de golpe en los cuerpos de los jóvenes y viejos combatientes de cada bando destructor. Al final de los días, cesan a su modo los muchos disparos, porque del alto cielo ceniciento, recordamos ver el sagrado corazón de Jesús.
Rusvelt...
sábado, 27 de marzo de 2010
UN CUENTO SOBRE EL TEATRO COLOMBIANO
La libertad no consiste en hacer lo que se quiere,
sino en hacer lo que se debe.
Ramón de Campoamor
No hay peor cuento que tenga una historia mal narrada y precisamente sobre dicha falla de construcción argumental; se resiente la pobre televisión de lokombia. Así que sólo nosotros como colombianos podremos ver una realidad de sueños a través de la pantalla chica, sólo hasta cuando reluzca, la cultura social sobre todos los rincones de nuestro país aún imperfecto. De momento simplemente nos entendemos con la vida presenciada adentro de una sociedad políticamente decostruida. Vemos por aquí y por allá una nación sin formas propias de culturas más bien inidentificables. Al paso de los pocos años se viene cayendo la escasa democracia del pueblo disperso y sin sus visos de libertad. La democracia está desangrada. Enseguida vienen y se resuelven unos pensamientos de pobreza entre los habitantes de una larga soledad incomprendida. Se hacen superfluas las ideas profundas. Sucede dicho síntoma de desgracia porque el discurso de la sabiduría no viene siendo bien regado a los desconocedores del saber hablar, saber razonar y saber leer profundamente. No se esparce el conocimiento universal en los medios de comunicación. Se entretejen unos propósitos de consumismo vano. Hay por lo tanto una soberana miseria espantosa, que no cesa de ser expandida y revolcada, para toda la montonera de una chatarra materialista; que se hace inservible últimamente en nuestras ciudades reconfusas. Eso es una chatarra, una exageración desechable de cosas vanidosas; que se transforma luego con una forma insignificante, para el hombre ciego de razón, luego pues se vuelve influenciada la alienación comercial y asimismo el poder de una cultural inculta. Se crea una necesidad por adquirir muchas cosas inservibles. Aquí entonces adentro de esta casona donde nos recostamos hoy vemos que no cesamos de ser deformados sobradamente. Al mismo paso no miramos sin algún rumbo de esperanza humanitaria. De un sin rumbo hay una y otra primera filosofía satánica. Ella aún gira bajo los pensamientos de los hombres capitalistas. Tal filosofía se bambolea mientras tanto al compás de unos simples intereses de descarada acumulación monetaria. Y la hambruna sigue su pesadumbre desatada. Desde los obvio viene allí inmiscuido un ideal del renovado oscurantismo individualista. De golpe bajo nuestra gran ciudad del silencio solo anda gritando y pegándose contra las paredes una manipulación de políticas corruptas. Eso pasa por parte de los enmascarados dirigentes de la ignorancia. Ahora así nos quieren ir metiendo una y otra dictadura acomodada, ella viene disfrazada; ella, se hace muy altanera y ella es muy brutal, viene bailando junto al asunto susurrante de los repetitivos presidentes de la rifa incontestable; ellos quienes ahora no se quieren salir de su vacilante empoderamiento de insurrección forzada. Así que así son estos personajes del mal quijotesco, ellos quienes hoy no se cansan de manejar los medios informativos a su atragantado antojo. Por lo cual ahora no parece haber realidad de juicio entre los canales nacionales de la indiferencia nacional. Que desgracia por supuesto tener luego que deducir, así y ya, los muchos escándalos informativos del teje y maneje, tal y como lo diría, Héctor Sánchez, un intelectual voraz, él, quien nos muestra a cada rato del día reflexivo, las trampas que de momento se inventan, con una supuesta literatura acomodada y su chantaje descarado. Ya sobre el hecho, entre el ritmo de los tantos años, se descubre al rato de las horas, una entre otra tejidas, cortina de humo de ilusiones informativas; ellos de las cortinas son las falacias del palacio de injusticia, una injusticia, hoy, no cesando de manejar y hoy queriendo deja discurrir libremente, los tantos teatros noticiosos; utilizados adentro de los medios masivos de comunicación, tristemente hoy empoderados por la politiquería del mensaje mediático.
Así pues, ante tanto escándalo escuchado, ante tanto oportunismo resentido, ante tanta corrupción violada, se ve ya develada una colombianita, sin siquiera una presentable oferta televisiva; que tendría antes que ser bien; la televisión, una propiedad de uso colectivo, para los habitantes del país y ello una ayuda de beneficio para el pueblo del abandono, pero no ver un espejo invertido de discursos deformados, que atentan por momentos contra la vida y contra la educación de los ciudadanos pasajeros. Fuera de la indudable realidad, que nos golpea contra el rostro del atraso cultural; sería así por lo oportuno, sería ya muy necesario, formarnos otros modelos de creación artística, ellos, encargados impulsar la evolución de la televisión colombiana. Pues hoy y hay más que nunca, resentido en los canales nacionales una falta de creatividad inmensa, se adolece la imaginación en los presumidos inventores, se duerme la creatividad en los presentadores arribistas. No hay casi nada de descanso sobre un real entretenimiento social, no hay una real enseñanza de investigación, casi todo gira como un lento suspiro de recuperación deshonesta. Lastimosamente no hay ahora en lokombia una televisión para la muchedumbre marginada. Del instante sólo presenciamos una larga noche entre payasos burlescos, ellos, todos encaramados en los circos del chisme y ellos mirando haber de quien se burlan en este barrio de niños desamparados. Desde luego hoy no parece haber un hoy entre nosotros de fraternidad nacional. De momento sólo se vive hoy una repetición de ayeres sobre los ayeres en cuanto al manejo de la televisión conformista del mismo ayer; fundada sobre los tantos, sin tiempos de una historia borrosa.
Por otra parte se descubre por ahí nomás una simple transformación de papeles, dizque siendo ellos de corte legal, ellos, dizque de creación espacial. Los tantos dirigentes y demás jueces del circo, muñequean así sus manos mientras tanto; firmando luego un traspaso del modelo mixto al modelo privado del ente televisivo. Dicen ellos que esa mentira es de corte estatal. Pero al final el canal resulta ser un embuste incómodo. Luego hacen ellos lo que se les da la gana con el país y a ello ya se disgrega trágicamente, sin una programación social. No se hace del presente, casi nada notable en un pueblo oprimido; una gente, que no recibe hoy ni limosnas, durante los tiempos de nuestro otro ayer espectral. No se inventa asimismo una investigación de ideas comunitarias. Enseguida del tiempo, todo gira bajo los sin estudios culturales, sucede dicha verdad porque sólo hay todavía una televisión de negocio de propagandas estrambóticas y juegos sensacionalistas.
Ante la mala apología, se cierra obviamente este calabozo de propiedad burocrática, con una finalidad sin fin esencial. No hacer muchas creaciones de alto significado cultural, no científico, ni noticioso, parece ser la mala elección. Y así contra todo el manojo de conflictos humanos, vemos que tales políticos, se miran como una mayoría de marionetas, ellos, no se levantan de sus sillones, ni de sus camastros, para limpiar los pocos espejos de una enseñanza visual. Pero lo peor del chiste es que ellos si gustan de sacar el descaro de proponer otros canales de televisión especulativa. Eso para que sirve ahora. Tal repetición y repetición de tele novelas; no sirve sino para llenarnos la casa de ratones muertos; siempre y cuando los procesos de creación visual, sigan siendo enfocados solamente a las urbes masivas de una riqueza exagerada y el interés pobremente vanidoso. Hay por tanto, muchos problemas de visibilidad regional, entre ellos, hoy vemos sopesado un pensamiento de desinterés con los otros semejantes; ello es una idea de visibilidad decantada, una idea bien gritada por Hollman Morris, él, periodista libertador, quien para una ocasión del discurso documental suyo de contravía; venia él bien acompañado de uno y luego otro mosquetero intelectual, ellos, eran los amigos, que hoy quieren socialistas.
Ahora bien, sin más partes serias del discurso; algo fastidiado, algo tristemente, me veo de golpe, junto a mi presente hundido, me miro bajo la noche, recostado sobre el camastro de un coronel antiguo, era él antes un coronel de mil guerras, murió hace unos tres años del ayer expirado, murió y murió, pero él cayó como un valiente, pero sin la esperanza de recibir un carta por escrito. Así que de mi rato vacio lo recuerdo mientras tanto al tiempo que me voy al otro lado del dormir. Pues las novelas del hoy y los realitys faranduleros, se pasan de ser sobradamente aburridores, se pasan de ser las horas tan superfluas. Eso quiere decir que no hay novelas, no hay problemas de opinión en mi patria vacilante; la libertad se nos resulta al tiempo tan encarcelada como una camisa de fuerza.
Ya me voy así luego durmiendo, sin el canto del sueño; pero quizá algún día, pueda recuperar al canto y el canto será inventando al compás de un mejor democracia, ella, digna entre valores más equitativos, entre hechos, más limpios y más justos.
Ahora, mirando el más allá del parnaso, presiento que se pasea ante mí, un siglo sobre otro siglo transcurrido, será despertar entonces ya y de pronto, despertar el sueño de las locuras del amor hermoso. De golpe saber concebir allí unos hombres de cultura para la televisión colombiana. Pero para el triste día del hoy, resulta otra vez a la pesadilla del ayer, un ayer que nos acompaña suciamente, entre muchos hombres de nosotros colombianos. De momento nomás hay que soñar un lejano sueño hasta cuando abramos los ojos para hacer el bien universal. De hecho no hay sino un presente de conflictos espantosos para cada alma indecisa de su destino de guerras. Tales problemas recaen tal vez sobre las rupturas constitucionales. Los derechos humanos son violados, causa de las malas presidencias antiguas, absolutamente imperialistas. A cada rato los políticos, tanto del gobierno como de los medios masivos, no se cansan de pisotear a la gente, ellos, los dirigentes malamente, se lo pasan arrumando las monedas del trabajador, pero ellos sin dar nada de salud, sin ofrecer nada de empleo, sin depositar nada de arte a un tribu, harapienta, desnuda y ella llena de orfandad. Así que tras cada instante del día indecible, no hacen sino agruparse todas las multinacionales esclavizadoras; ellos son los nuevos reyes, se aman pérfidamente, ellos se acuestan con el diablo ilusionista, entre los otros pecados rotos, mientras las mentes de la ignorancia, siguen siendo manipuladas, hasta cuando se deje de vivir, adentro de una utopía vacilante, adentro de un monopolio tecnócrata; un monopolio de odio, que no cesa de recluir las audiencias sino con brutalidad enemiga; por tal razón, sin dar ya un final literario del cuento teatral; abro seguidamente mi discusión sobre un real humanismo, evocando un silogismo del escritor Hugo Ruiz; La cultura artística debe ser una realidad y una razón de intelecto universal.
Rusvelt...
sino en hacer lo que se debe.
Ramón de Campoamor
No hay peor cuento que tenga una historia mal narrada y precisamente sobre dicha falla de construcción argumental; se resiente la pobre televisión de lokombia. Así que sólo nosotros como colombianos podremos ver una realidad de sueños a través de la pantalla chica, sólo hasta cuando reluzca, la cultura social sobre todos los rincones de nuestro país aún imperfecto. De momento simplemente nos entendemos con la vida presenciada adentro de una sociedad políticamente decostruida. Vemos por aquí y por allá una nación sin formas propias de culturas más bien inidentificables. Al paso de los pocos años se viene cayendo la escasa democracia del pueblo disperso y sin sus visos de libertad. La democracia está desangrada. Enseguida vienen y se resuelven unos pensamientos de pobreza entre los habitantes de una larga soledad incomprendida. Se hacen superfluas las ideas profundas. Sucede dicho síntoma de desgracia porque el discurso de la sabiduría no viene siendo bien regado a los desconocedores del saber hablar, saber razonar y saber leer profundamente. No se esparce el conocimiento universal en los medios de comunicación. Se entretejen unos propósitos de consumismo vano. Hay por lo tanto una soberana miseria espantosa, que no cesa de ser expandida y revolcada, para toda la montonera de una chatarra materialista; que se hace inservible últimamente en nuestras ciudades reconfusas. Eso es una chatarra, una exageración desechable de cosas vanidosas; que se transforma luego con una forma insignificante, para el hombre ciego de razón, luego pues se vuelve influenciada la alienación comercial y asimismo el poder de una cultural inculta. Se crea una necesidad por adquirir muchas cosas inservibles. Aquí entonces adentro de esta casona donde nos recostamos hoy vemos que no cesamos de ser deformados sobradamente. Al mismo paso no miramos sin algún rumbo de esperanza humanitaria. De un sin rumbo hay una y otra primera filosofía satánica. Ella aún gira bajo los pensamientos de los hombres capitalistas. Tal filosofía se bambolea mientras tanto al compás de unos simples intereses de descarada acumulación monetaria. Y la hambruna sigue su pesadumbre desatada. Desde los obvio viene allí inmiscuido un ideal del renovado oscurantismo individualista. De golpe bajo nuestra gran ciudad del silencio solo anda gritando y pegándose contra las paredes una manipulación de políticas corruptas. Eso pasa por parte de los enmascarados dirigentes de la ignorancia. Ahora así nos quieren ir metiendo una y otra dictadura acomodada, ella viene disfrazada; ella, se hace muy altanera y ella es muy brutal, viene bailando junto al asunto susurrante de los repetitivos presidentes de la rifa incontestable; ellos quienes ahora no se quieren salir de su vacilante empoderamiento de insurrección forzada. Así que así son estos personajes del mal quijotesco, ellos quienes hoy no se cansan de manejar los medios informativos a su atragantado antojo. Por lo cual ahora no parece haber realidad de juicio entre los canales nacionales de la indiferencia nacional. Que desgracia por supuesto tener luego que deducir, así y ya, los muchos escándalos informativos del teje y maneje, tal y como lo diría, Héctor Sánchez, un intelectual voraz, él, quien nos muestra a cada rato del día reflexivo, las trampas que de momento se inventan, con una supuesta literatura acomodada y su chantaje descarado. Ya sobre el hecho, entre el ritmo de los tantos años, se descubre al rato de las horas, una entre otra tejidas, cortina de humo de ilusiones informativas; ellos de las cortinas son las falacias del palacio de injusticia, una injusticia, hoy, no cesando de manejar y hoy queriendo deja discurrir libremente, los tantos teatros noticiosos; utilizados adentro de los medios masivos de comunicación, tristemente hoy empoderados por la politiquería del mensaje mediático.
Así pues, ante tanto escándalo escuchado, ante tanto oportunismo resentido, ante tanta corrupción violada, se ve ya develada una colombianita, sin siquiera una presentable oferta televisiva; que tendría antes que ser bien; la televisión, una propiedad de uso colectivo, para los habitantes del país y ello una ayuda de beneficio para el pueblo del abandono, pero no ver un espejo invertido de discursos deformados, que atentan por momentos contra la vida y contra la educación de los ciudadanos pasajeros. Fuera de la indudable realidad, que nos golpea contra el rostro del atraso cultural; sería así por lo oportuno, sería ya muy necesario, formarnos otros modelos de creación artística, ellos, encargados impulsar la evolución de la televisión colombiana. Pues hoy y hay más que nunca, resentido en los canales nacionales una falta de creatividad inmensa, se adolece la imaginación en los presumidos inventores, se duerme la creatividad en los presentadores arribistas. No hay casi nada de descanso sobre un real entretenimiento social, no hay una real enseñanza de investigación, casi todo gira como un lento suspiro de recuperación deshonesta. Lastimosamente no hay ahora en lokombia una televisión para la muchedumbre marginada. Del instante sólo presenciamos una larga noche entre payasos burlescos, ellos, todos encaramados en los circos del chisme y ellos mirando haber de quien se burlan en este barrio de niños desamparados. Desde luego hoy no parece haber un hoy entre nosotros de fraternidad nacional. De momento sólo se vive hoy una repetición de ayeres sobre los ayeres en cuanto al manejo de la televisión conformista del mismo ayer; fundada sobre los tantos, sin tiempos de una historia borrosa.
Por otra parte se descubre por ahí nomás una simple transformación de papeles, dizque siendo ellos de corte legal, ellos, dizque de creación espacial. Los tantos dirigentes y demás jueces del circo, muñequean así sus manos mientras tanto; firmando luego un traspaso del modelo mixto al modelo privado del ente televisivo. Dicen ellos que esa mentira es de corte estatal. Pero al final el canal resulta ser un embuste incómodo. Luego hacen ellos lo que se les da la gana con el país y a ello ya se disgrega trágicamente, sin una programación social. No se hace del presente, casi nada notable en un pueblo oprimido; una gente, que no recibe hoy ni limosnas, durante los tiempos de nuestro otro ayer espectral. No se inventa asimismo una investigación de ideas comunitarias. Enseguida del tiempo, todo gira bajo los sin estudios culturales, sucede dicha verdad porque sólo hay todavía una televisión de negocio de propagandas estrambóticas y juegos sensacionalistas.
Ante la mala apología, se cierra obviamente este calabozo de propiedad burocrática, con una finalidad sin fin esencial. No hacer muchas creaciones de alto significado cultural, no científico, ni noticioso, parece ser la mala elección. Y así contra todo el manojo de conflictos humanos, vemos que tales políticos, se miran como una mayoría de marionetas, ellos, no se levantan de sus sillones, ni de sus camastros, para limpiar los pocos espejos de una enseñanza visual. Pero lo peor del chiste es que ellos si gustan de sacar el descaro de proponer otros canales de televisión especulativa. Eso para que sirve ahora. Tal repetición y repetición de tele novelas; no sirve sino para llenarnos la casa de ratones muertos; siempre y cuando los procesos de creación visual, sigan siendo enfocados solamente a las urbes masivas de una riqueza exagerada y el interés pobremente vanidoso. Hay por tanto, muchos problemas de visibilidad regional, entre ellos, hoy vemos sopesado un pensamiento de desinterés con los otros semejantes; ello es una idea de visibilidad decantada, una idea bien gritada por Hollman Morris, él, periodista libertador, quien para una ocasión del discurso documental suyo de contravía; venia él bien acompañado de uno y luego otro mosquetero intelectual, ellos, eran los amigos, que hoy quieren socialistas.
Ahora bien, sin más partes serias del discurso; algo fastidiado, algo tristemente, me veo de golpe, junto a mi presente hundido, me miro bajo la noche, recostado sobre el camastro de un coronel antiguo, era él antes un coronel de mil guerras, murió hace unos tres años del ayer expirado, murió y murió, pero él cayó como un valiente, pero sin la esperanza de recibir un carta por escrito. Así que de mi rato vacio lo recuerdo mientras tanto al tiempo que me voy al otro lado del dormir. Pues las novelas del hoy y los realitys faranduleros, se pasan de ser sobradamente aburridores, se pasan de ser las horas tan superfluas. Eso quiere decir que no hay novelas, no hay problemas de opinión en mi patria vacilante; la libertad se nos resulta al tiempo tan encarcelada como una camisa de fuerza.
Ya me voy así luego durmiendo, sin el canto del sueño; pero quizá algún día, pueda recuperar al canto y el canto será inventando al compás de un mejor democracia, ella, digna entre valores más equitativos, entre hechos, más limpios y más justos.
Ahora, mirando el más allá del parnaso, presiento que se pasea ante mí, un siglo sobre otro siglo transcurrido, será despertar entonces ya y de pronto, despertar el sueño de las locuras del amor hermoso. De golpe saber concebir allí unos hombres de cultura para la televisión colombiana. Pero para el triste día del hoy, resulta otra vez a la pesadilla del ayer, un ayer que nos acompaña suciamente, entre muchos hombres de nosotros colombianos. De momento nomás hay que soñar un lejano sueño hasta cuando abramos los ojos para hacer el bien universal. De hecho no hay sino un presente de conflictos espantosos para cada alma indecisa de su destino de guerras. Tales problemas recaen tal vez sobre las rupturas constitucionales. Los derechos humanos son violados, causa de las malas presidencias antiguas, absolutamente imperialistas. A cada rato los políticos, tanto del gobierno como de los medios masivos, no se cansan de pisotear a la gente, ellos, los dirigentes malamente, se lo pasan arrumando las monedas del trabajador, pero ellos sin dar nada de salud, sin ofrecer nada de empleo, sin depositar nada de arte a un tribu, harapienta, desnuda y ella llena de orfandad. Así que tras cada instante del día indecible, no hacen sino agruparse todas las multinacionales esclavizadoras; ellos son los nuevos reyes, se aman pérfidamente, ellos se acuestan con el diablo ilusionista, entre los otros pecados rotos, mientras las mentes de la ignorancia, siguen siendo manipuladas, hasta cuando se deje de vivir, adentro de una utopía vacilante, adentro de un monopolio tecnócrata; un monopolio de odio, que no cesa de recluir las audiencias sino con brutalidad enemiga; por tal razón, sin dar ya un final literario del cuento teatral; abro seguidamente mi discusión sobre un real humanismo, evocando un silogismo del escritor Hugo Ruiz; La cultura artística debe ser una realidad y una razón de intelecto universal.
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